Un aporte a la agenda nacional

Las conclusiones de la Cuarta Convención del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) recogen la percepción que tiene un sector importante y representativo del empresariado acerca de tópicos medulares de la vida de la nación. Con una visión crítica, los empresarios han planteado los criterios que a su juicio deben ser aplicados para mejorar aspectos esenciales de la agenda nacional de desarrollo, con énfasis en la economía, las políticas fiscal y social,  la calidad de la educación y  seguridad ciudadana, entre otros.

Hay en esas conclusiones un enfoque bastante crítico a la forma en que el Estado emplea el fruto de las recaudaciones y la distribución de las fuentes de los ingresos públicos. Para este sector del empresariado, la solución debe ser una reforma fiscal integral que modifique los patrones en que están fundamentadas las recaudaciones fiscales y el gasto público, aspectos, ambos, resueltamente defendidos por el sector oficial. Hay también observaciones puntuales sobre el pobre efecto del crecimiento económico sobre el desarrollo humano.

Con estas valoraciones, el CONEP ha hecho un aporte bastante valioso a una agenda nacional que todavía adolece de definiciones puntuales relacionadas con el desempeño social del crecimiento económico, la seguridad ciudadana, salud, educación y otros aspectos cruciales para el desarrollo.

Una costumbre muy mala

La delincuencia se ha hecho cotidiana, parte sustancial del diario vivir. Se ha socializado de tal manera, que no hay familia ni capa social que esté libre de haber sido salpicada por los efectos de cualquiera de las modalidades del delito. La sociedad se ha ido acostumbrando a coexistir con estas ocurrencias y esa es una costumbre muy mala, adquirida en virtud de la poca fe que se tiene en la capacidad de la autoridad para contrarrestar el avance del delito.

 Cada dominicano tiene en su agenda diaria la posibilidad de sufrir cualquiera de los efectos de la delincuencia. Dónde,  cuándo y cómo son interrogantes asociadas a esa percepción realista de inseguridad. Las referencias sobre casos que ocurren a terceros alimentan cada día la agenda de cada uno. No hay quien no haya sido víctima, directa o indirectamente, de un acto delictivo. Nos estamos acostumbrando a esto y es, sin duda,  una muy mala costumbre.