Un barco que lleva esperanza a donde va

MILLIZEN URIBE
m.uribe@hoy.com.do
Su nombre es Esperanza, y no es para menos, pues  este buque africano  es  un barco hospital  que presta servicios sanitarios en todos los lugares que va.

Con 500 tripulantes a bordo,  constituye el buque hospital más grande del mundo. Los tripulantes de la Esperanza de África son  voluntarios provenientes de más de 30 naciones. Hay médicos, dentistas, enfermeros, profesores, ingenieros, cocineros y marineros. entre otros, que donan su tiempo y sus habilidades para mejorar la calidad de vida de las  personas necesitadas.

La idea.  Los autores de esta grandiosa idea pertenecen a Naves de Esperanza, una organización no gubernamental dedicada a prestar servicios sanitarios. Desde su comienzo, en 1978,   ha ayudado a 54 naciones  donando más de 500 millones de euros. Además ha tratado a más de 360 mil  personas en clínicas médicas y dentales en zonas remotas, realizando 26 mil intervenciones quirúrgicas y más de 800 proyectos de desarrollo comunitario.

Un ejemplo de vida.  La filantropía y el amor por los demás es la característica principal del equipo a bordo de la nave Esperanza. Algunos profesionales médicos voluntarios emplean sus vacaciones de verano para vivir y colaborar a bordo del buque-hospital. 

Glenn Strauss, uno de los oftalmólogos a bordo, dice: “En muchos casos los pacientes atendidos llevan viviendo con ceguera  muchos años y una sencilla intervención de quince minutos le restaura la visión y la vida. Esto es lo que me fascina sobre poder colaborar de esta forma”.

Los servicios.   A bordo de la Esperanza realizan intervenciones oftalmológicas,  de fístula vesico-vaginal, ortopédicas y plásticas. También se hacen reconstrucciones maxilo-faciales y procedimientos relacionados con el tratamiento de problemas ópticos, nasales y de garganta.

ANTECEDENTES

La primera paciente tratada con cirugía oftalmológica a bordo de la Esperanza de África, Suah Paye, que sufría de cataratas, literalmente bailó de emoción en la unidad quirúrgica cuando se le retiró el parche ocular.

La primera paciente pediátrica de la nueva nave Esperanza de África fue la pequeña Lisa Moore, de diez años de edad, quien nació con un problema congénito de cataratas y cuyas posibilidades de curarse eran mínimas.