Un blindaje para la frontera

Los indocumentados haitianos continúan ingresando al país en número alarmante. El mejor muestreo sobre esta realidad puede ser efectuado en las intersecciones que cuentan con semáforos, en el mercado informal de chucherías y alimentos, en la industria de la construcción, labores agrícolas y otras tareas. Evidentemente, hay complicidades a ambos lados de la frontera que facilitan este ingreso masivo y que obtiene grandes beneficios económicos por sus operaciones.

Es muy probable que esta situación empeore si persiste la crisis alimentaria que está afectando a Haití. Por razones de subsistencia y proximidad, los haitianos miran a la República Dominicana como su tabla de salvación.

Siempre habrá que convivir con el precepto de que las migraciones tienen siempre un componente humanitario que hay que tomar en cuenta. Al margen de ello, la soberanía del Estado tiene que manifestarse en defensa de la integridad de la nación, y eso, por supuesto, implica la necesidad de aplicar controles efectivos sobre el ingreso de extranjeros, y particularmente los indocumentados. Cada día es más alto el costo económico y social que tiene para la economía del país el hecho de tener en nuestro territorio un número cada vez más elevado de  pedigüeños haitianos en los lugares públicos. La situación reclama que mejoremos la calidad del blindaje que tenemos en la frontera.

Porvenir promisorio

El proceso de capitalización de las empresas estatales sufrió un estrepitoso traspié en cuanto a la industria azucarera. El cierre de ingenios provocó desempleo y redujo el cultivo de caña, una materia prima de gran potencial económico por el gran abanico de derivados de alta demanda en el mundo moderno.

Ahora son las alzas petroleras las que obligan a mirar hacia los biocarburantes, y la caña es una de las materias primas de mayor rendimiento para la producción de etanol anhídrido con miras a reemplazar parte del consumo de gasolina. El potencial de la caña se sitúa por lo alto en la presente coyuntura y se perfila como motorizador de la creación de plazas de trabajo. Convendría analizar la posibilidad de aprovechar todo este potencial para, además de alcohol anhídrido, producir otros bienes de amplia demanda industrial y comercial, como papel, paneles prensados, furfural, abonos y otros.