Un bolsón del destino

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
Lidia, estoy asombrado con las creaciones poéticas de los cubanos. Sabes bien que en la Unidad coleccionan muchas formas de arte popular: música de percusión, canciones infantiles, tradiciones folclóricas afro antillanas. He oído un son compuesto por un guitarrista emigrado que, según parece, murió en España. Se llamaba Marcelino Guerra.

Le oí en una grabación cantar estos versitos simpáticos: “soy un chico delicado / que nací para el amor, / este coche me ha estropeado, / pare en la esquina señor. /Ya me duele la cabeza / tengo estropeado un riñón, / y si usted no para el coche / voy a perder un pulmón. / – ¡Por Dios, Ladislao, eso lo cantaba mi mamá! ¡Es una cosa tan vieja! Aquí se dice: “A este hay que pararle el coche”, cuando una persona se pasa de la raya o abusa de la paciencia de los demás. – La poesía popular de aquí es muy hermosa. Razón tenía la vieja novelista y poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda; ella decía que el pueblo cubano daba “alma y atractivo a las ideas más triviales y al lenguaje menos escogido”. El gobierno apoya a los artistas populares, favorece la difusión del folclore. Sin embargo, los escritores cultos han producido un arte poético notable. Hace cosa de un mes un historiador de las letras, español, me leyó en la Unidad un extraño poema de Lezama Lima. El asunto central es, en el fondo, la cubanía; al mencionar las “impulsiones habaneras de la flauta” “Lezama nos explica: “La flauta es el cordel que sigue la cintura en el sueño”. / “La cintura es la flauta destapada por las avispas”. / Te he visto bailar, en la casa, música con flauta y clarinete; he quedado tieso de la sorpresa ante el acierto de ese poeta culto. Acierto estético y sensual, de percepción y de palabra.

– ¡Las cosas tuyas, Ladislao! Sé que tienes ganas de echarme un piropo. En vez de decírmelo directamente sales con cordeles de flauta y de cintura. Lo único que entiendo es que yo te gusto cuando bailo. Siempre das algún rodeo hasta encontrar el camino más largo. ¡Pero yo te espero, caracuadrada; al final, aprenderás a bailar el danzón! – Lidia, en todo momento hay algo que uno no entiende bien. ¿Qué es eso de tingo talango? ¿A que le llaman el golpe de bibijagua? Lidia contempló un instante a Ladislao con sonrisa tierna y compasiva. Finalmente, rió satisfecha, casi alegre; entonces, tocando la barbilla de Ladislao con dos dedos y mucha coquetería dijo: no puedo explicarte eso ahora mismo. Pero te lo iré aclarando lentamente. Además, poca falta te hace saber estas cosas, pues me tienes a mí que lo entiendo todo y nadie me puede embaucar. Por lo menos en La Habana es muy difícil que me pongan en solfa con relajos de guaracha o estribillos de sones antiguos. De ahora en adelante yo seré tu ángel guardián para refranes y modismos.

– Cuando lleguemos a Camagüey comeremos en un paladar cerca de la estación. La mujer gorda que está dos asientos detrás de mi dice que la comida es muy buena. La carretera fue ampliada por el comandante. Cuando dejemos Camagüey, camino de Holguín, verás que la carretera central es una pista en la que pueden aterrizar aviones en caso de necesidad. En Holguín torceremos para bajar a Bayamo. Lo que quieras hacer en Bayamo lo harás cómodamente. Estaremos a poca distancia de Palma Soriano, por donde pasaremos antes de llegar a Santiago de Cuba. – ¿Es cierto que en Palma Soriano sirven galletas y café a los pasajeros? – No lo sé; pero sirvan lo que sirvan, ni beberé, ni comeré. No pondré un pie en Palma Soriano. Me quedaré sentada en el autobús hasta que arranque para Santiago. ¿No recuerdas lo que dijo el babalao cuando decidimos emprender este viaje? Etanislao leyó las tazas de los dos: y afirmó: “En la provincia de Oriente usted topará con alguien que le hará una explicación que transformará su vida, su trabajo, su manera de ver el mundo. Lo que revelará le causará una sorpresa tan grande que tardará un año en asimilarlo”. Eso te dijo a ti. Lo apunté en un papel y lo he leído veinte veces. A los dos, nos dijo: “No entren al pueblo de Palma Soriano; es peligroso. Ahí hay un bolsón del destino. Lo mejor es no pisar el lugar”.

– ¿Qué es un bolsón del destino? – Quiere decir que puedes verte atrapado por la mala suerte o cogido en una desgracia grande. Es un pronóstico malo para determinadas personas en un lugar determinado. Palma Soriano no nos conviene, según ha dicho Etanislao. Jamás se equivoca, proclaman mis primos y mis padres que le conocen desde hace diez años. Es pobre y no participa en denuncias políticas, a pesar de que aconseja a ministros y militares. Le oyen hasta en el gobierno. Mejor es ir derecho de Bayamo a Santiago, donde todo lo bueno nos espera, y no correr riesgos en Palma Soriano. – Le das crédito a una afirmación sin fundamento alguno. El babalao solo vio unas manchas en el café. El pobrecito, tenía hemorragias en los ojos y tal vez cataratas. – Te dijo muy claro que sufrirías de sueños tristes; también te dijo que seríamos una pareja feliz; descubrió que te interesaban los sucesos trágicos del pasado. ¿Cómo pudo saber esto sin conocerte antes? Todo ha resultado verdadero. Y lo más importante es que te advirtió que del viaje a Santiago volverías con tu vida y tu trabajo transformado. Vamos ya en camino para encontrar lo que has buscado siempre. Si puedes regresar triunfante, sea a La Habana o a Hungría ¿por qué hay que provocar al diablo parando en Palma Soriano? Creo, Ladislao, que esta vez debes atender a una mujer inculta que te quiere. Una sola cosa te aseguro: esta mujer, Lidia Portuondo, que te acompaña ahora, no desea nada malo para ti. El verte contento será mi única paga. Cuba, 1993.

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