Un Casandra para los Rivera Damirón

Cuentan que Freddy Beras,  considerando ser de justicia la igualdad de géneros, cantaba en una parodia de ocasión, que… “si Casandra es de Rivera, Luis Rivera es Damirón.”

Ha sido un verdadero privilegio haber disfrutado por muchos años el talento y la gracia de doña Casandra y de la perdurable influencia en nuestra música del maestro Luis Rivera, gran conductor de orquesta y compositor, quien se destacó en México y otros países y en La Habana llegó a dirigir la orquesta del grandioso Ernesto Lecuona, máximo exponente de la música antillana, autor de Siboney, Canto Carabalí, Andalucía, la comparsa y otras joyas musicales.

El maestro Rivera fue amante esposo, mentor y tutor musical de Casandra. Pero los que disfrutamos por años la gracia y el salero de la criolla mulata, del donaire y galanura de su baile, con su elegante y limpia sensualidad, digna del Cantar de los Cantares, nos llenábamos de gozo y sano orgullo por nuestro arte, nuestra música y nuestra dominicanidad.

Este país, entero, se sintió complacido cuando se eligió el nombre y el apodo, “la Soberana”, para honrar su memoria en premiaciones artísticas. ¡Qué mejor idea! Así lo fue por años, que con el patrocinio de firmas nacionales se premió lo mejor de nuestras artes populares y actividades afines. Actividad loable, necesario estímulo a la creatividad, el esfuerzo, y la constancia,  que a menudo no podía complacer a toda la opinión de entendidos y aficionados. Que lamentablemente derivó en el desatino de premiar a personajes de dudosa o incalificable conducta moral. Fue una verdadera pena que se llegase a la situación en la cual sus familiares se sintiesen precisados a solicitar el retiro de su nombre de dicha premiación.

No es sencillo salirle al frente a cierto proceder de determinados sectores de interés y de opinión, por lo cual debe valorarse un gesto que nos deja una lección de respeto y dignidad, a favor de un nombre y un legado, y de valores sobre los cuales la sociedad ni la familia pueden negociar. La posición de los Rivera Damirón constituye un hecho poco común, especialmente cuando median intereses de negocio y susceptibilidades de figuras artísticas, comunicadores y afines. Una acción legítima de censura  a una premiación muy desatinada, que ofendió no solo a la familia y la memoria de la gran artista, sino que a toda alma decente de cualquier país, y que redime la conciencia y el corazón de los buenos dominicanos y dominicanas. 

Una premiación solamente debe otorgarla quien tiene altura para ello. Sea en arte, en ciencia, o en otra esfera, ha de tenerse como criterio fundamental la excelencia, siempre  acompañada de la ejemplaridad ética. Jamás premiarse el logro espurio o fraudulento; sino lo que enaltece los valores humanos, los de nuestra identidad y nuestras tradiciones respetables. Lo menos que debe hacerse con los familiares  de doña Casandra es pedirles toda excusa. También a las muchas  gentes de este país que se sintieron  profundamente ofendidas.