Un congreso que preocupa

El Poder Legislativo dominicano vive un difícil capítulo de su historia bajo presión interna y externa de sectores empeñados en preservar la integridad de la Constitución amenazada por una reforma inaceptable. La tirantez entre bandos políticos se ha enseñoreado en ocasiones con insultos y contrainsultos, con violencia policial y militar a las puertas, bajo un cerco incivil y de fuerza que recién desaparece y ojalá no se repita. Afectado por un trepidar de disputas, el Congreso no resulta el mejor escenario y foro para la discusión constructiva y el cumplimiento con rigor de una agenda que aborde los temas fundamentales, además de los secundarios, sobre los que se esperan decisiones para nuevas leyes y la actualización de otras.

Un Poder de Estado que parece moverse como péndulo, hacia un lado y otro de las prioridades, con algunos de sus miembros (pronto se sabría cuántos de ellos realmente) quizás esperando que se activen cuerdas sobre sus voluntades. Preocupa la falta de liderazgo congresual para hacer valer la Estrategia Nacional de Desarrollo con atención al trazado de rutas hacia la firma de pactos sobre lo fiscal y lo energético. De que sus voces representativas no promuevan consensos para superar conflictos. Las indefiniciones sobre el futuro jurídico de la República y el destino del partido en el poder son vistas como causantes de una parálisis en la economía. Compónganse.

Una Villa fuera de contexto

Como si no estuviera en el mapa de un país que crece y crece, se “moderniza” y la pobreza desaparece (sin matar a nadie según el decir oficial) el municipio de Villa González sabe lo que significa estar en la inopia con el 70% de sus calles sin asfalto, aceras y contenes, con hogares vertiendo sus aguas cloacales hacia la vías públicas, sin efectivos servicios médicos y un hospital pendiente de ampliación. El acueducto no da abasto y la Policía se distingue por represiva contra los hombres de trabajo.
Mucho calificaría la laboriosa Villa González para no menos de diez visitas sorpresa desde esta fecha hasta mayo del 2,020. Después de todo, allí vive mucha gente en edad de votar, susceptible, ostensiblemente, a los ofrecimientos de hacer una próxima vez “lo que nunca se ha hecho”. Querrán revivirle la esperanza una vez más.