Un consejo de seguridad para
América Latina y el Caribe

EDUARDO KLINGER PEVIDA
Después de la grave crisis que se vivió en la región en semanas recientes, se ha comenzado a hablar de la pertinencia de crear un “Consejo de Seguridad” regional que tenga las facultades y prerrogativas para preocuparse, y ocuparse, de eventuales crisis regionales al sur del Río Bravo.

En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas existen vicios de concepción antidemocráticos que hace prevalecer los intereses, por lo general, de las grandes potencias con poder de veto en el mismo.

En el seno de la OEA, el organismo regional por excelencia, están presentes los Estados Unidos con sus propios intereses y la sede, incluso, está en Washington bien lejos de los países latinoamericanos. La OEA ha sido incapaz de actuar con eficiencia e independencia ante los conflictos regionales y en muchas ocasiones no ha sido más que un instrumento de las políticas norteamericanas. La mencionada crisis colombiana no pudo resolverse en su seno. Sin embargo, en el Grupo de Río, aquí en Santo Domingo, entre países latinoamericanos solamente, se resolvió adecuadamente de una vez. Observemos cómo el pasado viernes el Secretario General de la OEA fue cuestionado en… el Congreso de los Estados Unidos porque en opinión de algunos legisladores norteamericanos el organismo no actuó, en ocasión de aquella crisis, de acuerdo con la percepción norteamericana.

La región debe identificar un órgano adecuado donde ventilar sus problemas sin presencia de superpotencia alguna. En eso los africanos han sido realmente muy previsores. En 1975 por iniciativa del presidente Carlos Andrés Pérez, un hombre de derecha y amigo de los Estados Unidos, la región creó el Sistema Económico Latinoamericano, el SELA, con sede en Caracas, de donde se excluyó a los Estados Unidos para que la región debatiera entre sus miembros sus propios problemas sin interferencias. En lo esencial, como se desprende de su denominación su centro de interés ha sido el económico, aunque en determinados momentos se pronunció sobre temas políticos puntuales. Sin embargo, en los últimos tiempos ha perdido relevancia lo que ahora pudiera tener la oportunidad de recuperar su incidencia regional con la elección de un nuevo Secretario – el pasado día 10 – en la persona del mexicano José Rivera Banuet.

Los países de la región debieran crear una instancia de alcance latinoamericano y caribeño, no necesariamente permanente, que pudiese ser convocada con urgencia en caso de crisis y que se le reconociese facultades conclusivas para neutralizar una crisis grave, peligros externos y otros desafíos, también externos, que pongan en peligro la integridad, gobernabilidad o la democracia. Su sede, a nivel de una Secretaría Coordinadora, bien pudiera situarse aquí en Santo Domingo, Panamá, algún país caribeño u otra capital equidistante. ¡Cuántos peligros y riesgos estaríamos neutralizando!