Un corazón partido

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Parece que cuando todo deja de tener importancia nos invade un dolor indescriptible y es necesario aprender a olvidar. Muchas veces  rompen  corazones,  no por amar demasiado, sino por  no amar como es debido. Y aquí está la clave: podrías morir de amor, claro está que en sentido figurado. Seguramente has conocido a más de una persona que cuando su pareja ha muerto, al poco tiempo pierde las ganas de vivir y le sigue rápidamente, por no haber aprendido a superar la soledad y la desolación que deja esa persona, se abandonan y se dejan morir.

Casi lo mismo pasa cuando se ama a alguien, y ese alguien te deja. Es tan grande el dolor que provoca, que la vida queda en completo abandono, el dolor es cada día más grande, tanto que parece que nunca se podrá superar. Muchos recurren a fármacos para evadir la realidad, pastillas para dormir, para despertar, para estar animadas, incluso llegan a tomar terapias con profesionales (lo cual nunca te hará mal,  es por donde debes comenzar, si crees no poder superarlo por tí misma).

Si piensas fríamente, verás que todos tus pensamientos, percepciones, emociones y sentimientos, tienen  origen en el cerebro. El corazón es un músculo macizo, generoso y resistente que no duele, lo que duele y lastima son las señales (mensajes o descargas eléctricas) que emite el hipotálamo del cerebro, enviándolas en milésimas de segundos a nuestro músculo llamado corazón que recibe la descarga y obviamente se siente dolor. Estos órganos vitales  están conectados entre sí, a través de las sinapsis o ramificaciones mensajeras de las neuronas cerebrales, que son las que guardan los histogramas de recuerdos, y generan energías de todo tipo que viajan por todo el cuerpo,  provocando dolor o alegría, frío o calor, sueño e inclusive insomnio.

Al sentir alegría,  las betaendorfinas generadas en el plasma cerebral, hacen fluir la sangre muy rápido, logrando que los latidos del corazón se aceleren, lo mismo ocurre cuando te enamoras, las hormonas maduras se revolucionan al ser “empujadas” por las endorfinas, sintiendo calor, impulsos de creatividad y dinamismo, lo que provoca muchas veces dolores de cabeza y a elevar ligeramente la presión arterial.

Cuando por el contrario, cuando estas tristes, hay disminución de betaendorfinas, produciendo una sensación de decaimiento, agotamiento  y desgaste, por la disminución de cortisol en el cerebro, sintiéndote cansada y con mucho sueño.

Volvemos a lo que les estaba hablando, estos dos órganos (cerebro y corazón), están siempre conectados entre si.

Entonces ¿Podemos morir de amor? Clínicamente sí, (sustentadas en las anteriores explicaciones biológicas), cuando te dejan de amar, cuando el desamor aparece en la  vida, se tiene la sensación de que el corazón se rompe en mil pedazos. No sabes qué hacer, ni qué decir, porque no has aprendido a controlar las emociones y aparecen las llamadas crisis depresivas, acelerando y provocando infartos… ¡y claro que podemos morir!, el corazón es una máquina que también se cansa de sufrir y puede fallar en cualquier momento por tantos problemas en nuestras vidas.

Si crees no poder superarlo

Si en estos momentos estas pasando por un período de mucho dolor, hay pautas a seguir:

 Aprende a respirar lo más serenamente posible. No luches contra tu mente… ¡Conviértete en observadora de tu mente! para que se sienta vigilada y se canse.  Piensa qué es lo que está pasando en ti.  Reconstruye mentalmente lo que te hace daño, fíjalo en tu mente y bórralo imaginariamente con la goma de un lápiz o quema esa imagen.  No tengas miedo al abandono, es sólo un estado mental pasajero. Cuando naciste no llegaste acompañada de nadie.  Llora todo lo que quieras, las lágrimas lavan el alma, hacen descansar tus penas y fortalecen tu espíritu.  Sé optimista, piensa si vale la pena que tu vida se vaya a la borda por alguien que dijo no amarte. Ten el coraje de enfrentar al dolor, no le hagas de lado, enfréntate a él, y aférrate a Dios, sólo así podrás salir adelante.