Un epistolario de memorias

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Mezclar agua y aceite hubiera sido más fácil que lograr que Rafael Bonnelly y Joaquín Balaguer desempeñaran sus altas funciones sin fricciones en el seno del Consejo de Estado que nació al despuntar el año 1962. Desde su primera reunión con los consejeros, Balaguer se convenció de que no tenía la menor oportunidad de ser un genuino presidente de la República a menos que convirtiera al Consejo en un organismo decorativo. Sucedía que de siete miembros, Balaguer contaba con la fidelidad de solo uno. La de él mismo.

Fabio Valenzuela Sosa declara que “la táctica de los “americanos” fue apoyar públicamente a Balaguer mientras lo presionaban a que renunciara, de manera que Bonnelly pasara a presidirlo. “Sin embargo, contrariando las expectativas del Vecino Mayor, el supuesto Muñequito de Papel se aferró al poder hasta que se convenció, como declarara a la prensa internacional después de escapar de Santo Domingo, que “más vale un Presidente fugitivo que uno muerto”.

Las consideraciones están contenidas en “Queridísimas hijas (Reflexiones sobre política del Caribe Hispánico y memorias de mi niñez)”, un libro que el destacado físico, politólogo, doctor en medicina y catedrático universitario escribió en Estados Unidos, donde reside  desde 1996 y ejerce la radiooncología.

El consagrado científico e investigador no solo analiza acontecimientos trascendentes de la política dominicana reciente sino de la vida desconocida de San Juan de la Maguana donde lo llevaron meses después de nacido en San José de los Llanos, en 1952. De esa comarca son reveladores los relacionados con monseñor Tomás F. Reilly, “enemigo de Trujillo” que pese a la persecución en su contra, “bravo como una de las águilas calvas de Massachusetts, se mantenía desafiante en San Juan…”.

Aunque el vigoroso autor cursó todos los grados de la física –licenciatura, maestría,   fellowship-, las ciencias políticas que estudió en la UNPHU y de las cuales fue profesor, son su delirio. Lo confiesa en el prólogo dirigido a su prole: “Les advierto que no encontrarán en mis escritos el rigor de un historiador sino la pasión de un enamorado de la política como ciencia y como arte”.

Pero el cautivante ejemplar es historia aun en el recuento familiar que narra los destinos de José Vetilio Valenzuela Bautista, el mejor abogado sanjuanero, y Consuelo Mercedes Sosa Hernández que, viuda a los 37 años, sin trabajo, profesión, ni más fortuna material que una de las casas más amplias del pueblo, sin terminar ni pintar, “solo con la ayuda indispensable de Dios”, logró hacer profesionales a sus ocho hijos: Margarita, María, Vetilio, Rudescindo, Rafael, Santiago, Gervasia y Fabio.

Es sociología, geografía, tratado de política internacional que se adentra en la lucha de los cubanos por salir del corsé dictatorial de Machado y el  devenir de esa antilla hasta el presente; la Segunda Guerra Mundial, colonización de Puerto Rico, batallas independentistas de Albizu Campos, la matanza de Ponce en 1937, el ascenso y las acciones de Muñoz Marín, la Gran Depresión de 1929, tensiones entre Estados Unidos y el Caribe, la Unión Soviética como segunda potencia mundial, entre otros.

Los acontecimientos contemporáneos nacionales se inician con el primer presidente títere del trujillato “cuyo nombre no viene al caso mencionar para evitar el sonrojo de los dominicanos que llevan ese apellido”.

La alusión a la enemistad entre Balaguer y Bonnelly aparece en el capítulo titulado “El desquite de Bonnelly” que concluye: “La elección de Bonnelly llevó al mundo entero la noticia de que el trujillismo había sido sacado por fin del Palacio Nacional…”.

Reilly negó la Comunión. Con singular dominio de la gramática, estilo ameno, lenguaje sencillo,  Valenzuela Sosa narra e interpreta actuaciones de Juan Bosch, Viriato Fiallo y los cívicos, Manolo Tavárez, el 14 de Junio y la actitud de los norteamericanos hacia ellos, la tirantez entre las dirigencias catorcista y cívica, las trampas de UCN, el PRD y hechos trascendentes ocurridos tras el ajusticiamiento de Trujillo.

Destaca el favoritismo de los norteamericanos hacia los cívicos y expone los “defectos” que para ellos tenía Bosch. Explica también por qué Washington descartó de antemano al 1J4. Pero sin importar ese apoyo, al dominicano “lo empujaban cada vez más en dirección del Profesor y a tomar distancia de los Siete Látigos que ofrecía Viriato Fiallo a un pueblo que había sido trujillista para satisfacer su instinto de sobrevivencia…”.

Analiza crímenes y figuras de la tiranía y dedica más de un capítulo al obispo Reilly, a quien conoció en la Escuela Parroquial de los curas Redentoristas donde vivió “eventos traumatizantes” por el acoso del régimen a esos religiosos. “Todavía están fijas en mi memoria las figuras del padre Miguelito, padre Luis, padre Gerardo, padre Tomás y padre Clemente vestidos por primera vez de civil porque el gobierno trujillista acababa de prohibirles usar su hábito en las calles, anunciando con cara sombría que se tenían que despedir de nosotros…”.

Narra el asalto a la casa curial y a la residencia del obispo por turbas de calieses. “Recuerdo ver a las hordas trujillistas cerca de mi casa emborrachándose con vino robado de la sacristía de la iglesia”, el calvario de las hermanas dominicas de Michigan, el asilo de Reilly en el colegio  Santo Domingo y el día que el SIM lo fue a buscar para matarlo.

“Reilly funcionaba como un contacto de gran utilidad entre el gobierno de los Estados Unidos y sectores de la sociedad dominicana que serían de gran importancia luego de que la tiranía fuera descabezada”, afirma.

Al sacerdote “lo metieron como si fuera un saco de papas” en un carrito del SIM  la madrugada del 31 de mayo de 1961, “descalzo y en pijama” en medio del llanto y los gritos de monjas e internas horrorizadas. En el Palacio lo llevaron a un salón en medio del cual, sobre una mesa, “reposaba el cuerpo sangrante” del Jefe. “Monseñor se paró impertérrito frente al cadáver de Trujillo y haciendo la señal de la cruz le impartió su bendición”.

Consigna cómo y por qué Balaguer salvó la vida al purpurado y relata el recibimiento de los sanjuaneros cuando el obispo regresó a su diócesis. En la misa dejó a varios fieles católicos “con la lengua afuera mientras esperaban que les colocara la hostia consagrada”, porque lo habían difamado. “Al momento de negarles la Comunión dijo a uno que estaba arrodillado al lado mío: “Tienes que confesar tus pecados antes de comulgar”, mientras le cerraba la boca”.

Fabio Valenzuela, quien está casado con Teresa Luisa Carrión Cassidy, redactó sus vivencias en forma epistolar a sus hijas Consuelo Helena y Fabiola Teresa, quienes le pidieron que escribiera su biografía para los nietos.