Un Estado irresponsable

RAFAEL TORIBIO
La interdependencia entre los países y la solidaridad internacional, sobre todo en los tiempos actuales, son tan importantes como necesarias, pero no debe ser hasta el punto de que lo estratégico para el desarrollo de un país y de sus ciudadanos y ciudadanas dependa, fundamentalmente, de la asistencia extranjera, en forma de asistencia técnica, préstamos o de donaciones.

Durante el gobierno del PRD presidido por Don Antonio Guzmán Fernández, me permití sugerirle a un amigo que era secretario de Estado, teniendo como referencia la ley de la cuota parte, que realizáramos un seminario para analizar las grandes decisiones que habían significado avances en la administración del Estado y determinar si habían sido tomadas por iniciativa propia, como una decisión soberana del Estado, o por sugerencias, condicionalidades o imposiciones de las agencias de cooperación internacional.

El amigo, que tenía gran experiencia en esta materia, y parece que previendo los resultados, me aconsejó no realizar el seminario.

Hace algunos meses fue publicado un artículo en el periódico El País, de Madrid, España, en el que se reseñaba lo que pasaría en Madrid si un día cualquiera los inmigrantes no se presentaban a sus respectivos trabajos. La descarga de los camiones contenedores que traían provisiones desde el interior no se realizaría, la basura no se recogería, ni tampoco la limpieza de las calles. Pocos restaurantes podrían abrir porque la mayoría de los cocineros y de los meseros eran inmigrantes. Una buena parte de las personas no podían llegar a tiempo al trabajo porque la persona que atiende la casa no se presentó. La lista sería muy larga, pero al final lo que se hacía evidente era que sin los inmigrantes Madrid sería un enorme caos. ¿Qué pasaría en el país si la cooperación internacional decidiera retirarse cualquier día del mes en curso?

El manejo financiero y económico del gobierno terminaría en un fuerte desequilibrio porque la estabilidad económica, en gran parte, es el resultado de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y de su supervisión para que los términos de los mismos se cumplan. Por otro lado, sin la asistencia y el aval externo, la renegociación de la deuda externa fuera prácticamente imposible, con todo lo que eso supondría.

La reforma del Estado, comprendiendo la del Poder Ejecutivo, del Congreso y la descentralización a favor del poder local, se detendría. Estas reformas se iniciaron y se mantienen gracias a la cooperación internacional. Aún con las críticas que le hacemos ¿sin la asistencia internacional, la justicia habría logrado los avances que hoy experimenta?

¿Qué habría sido del problema eléctrico sin los préstamos y la asistencia técnica de los organismos internacionales? Estamos mal, sin un horizonte cierto de cuando se solucionará, pero sin la cooperación internacional estaríamos mucho peor. Si hoy tenemos la esperanza de que fraudes bancarios como los ocurridos no vuelvan a sucederse serán, en gran medida, por las exigencias y la cooperación de organismos externos que colaboran en el fortalecimiento del poder regulador del Estado en esta delicada materia.

Si estamos en proceso de reducir los subsidios y focalizarlos, para que no beneficien a todos por igual, ha sido porque son condicionalidades externas y porque nos proporcionan asistencia para que lo hagamos. El fortalecimiento del estado de derecho, la seguridad jurídica, la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, y hasta la reforma de la Policía Nacional, parece por momentos que se realizan, más por presiones externas que exigen un clima adecuado para los negocios, que por una decisión nuestra.

En un sector tan importante como la educación es con fondos externos, a través de préstamos o donaciones, que se realizan las iniciativas más significativas para la formación de los recursos humanos con los cuales debemos competir en un mundo globalizado y lograr una sociedad más democrática con ciudadanos que saben exigir sus derechos, y cumplen sus deberes. ¿Qué quedaría en educación inicial, básica y media, por ejemplo, si no se contara con la cooperación internacional? Si hacemos la pregunta en salud tendríamos la misma respuesta. En ambos casos, la responsabilidad del gobierno, como administrador del Estado, se reduciría al pago de los bajos sueldos del personal. Ni siquiera llega al mantenimiento adecuado de la infraestructura, mucho menos a la construcción de nuevas facilidades.

En cada presupuesto anual, la mayor parte de los recursos es para gastos, no para inversión, y una buena parte de la escasa inversión que hacemos la aportan los organismos internacionales. Además de dedicar menos recursos a las inversiones, el Estado se compromete a unos fondos de contrapartida que muchas veces tampoco aparecen y entonces se detienen los aportes externos.

¿Cuál será el futuro de una Nación donde las inversiones estratégicas, que garanticen el desarrollo de las personas y del país dependen, fundamentalmente, de la cooperación internacional? ¿Dónde está la responsabilidad del Estado con el presente y el futuro de los ciudadanos y ciudadanas? ¿En solicitar préstamos, que luego tiene que renegociar porque no los puede pagar, o recibir donaciones para financiar las iniciativas que aseguren el desarrollo? No se trata de prescindir de la cooperación y de la solidaridad internacional, sino de que el Estado asuma sus responsabilidades fundamentales, y que su cumplimiento no dependa de la aparición de fondos externos.

rtoribio@intec.edu.do