Un estudio fallido y un Estado fallido

POR FEDERICO A. MARTÍNEZ
La aparición de República Dominicana en una tabla de un artículo publicado por Foreign Policy en su número de Julio-Agosto ha revuelto la mar y como los maremotos saca desde el fondo las opiniones de todos, sin excepción, así que aquí va la mía. No he visto sin embargo un análisis de la publicación de marras que estudie porqué nos pusieron ahí.

Comencemos por establecer que el “Índice de Estados Fallidos” (FSI por sus siglas en inglés) para el 2005 se basa en una muestra “de países que se estima son los más vulnerables a conflictos violentos”. El estudio es realizado por The Fund for Peace, no por Foreign Policy, y arranca de una actualización del “Mapa de Conflictos Mundiales y Derechos Humanos” producido por la Universidad de Leiden en Holanda.  Primera observación: el mapa en cuestión fue producido en el 2001/2002 por el PIION (Programa de Investigación Interdisciplinario en Causas de Violación de los Derechos Humanos); en ese entonces, sobre una base de 1.0 como máximo (0.939 para Noruega y 0.936 para Canadá), la República Dominicana obtuvo 0.722, lo que lo clasificaba como desarrollo humano “medio”, mientras nuestro vecino Haití obtuvo 0.476, clasificándose como el único país de América de bajo nivel de desarrollo humano (menor de 0.50). En ese momento, el PIOON destacó, como razones para la clasificación dominicana la tortura practicada por la policía, la corrupción, el tráfico de drogas, la vulnerabilidad a desastres y la incidencia de SIDA. En Haití se agregó el problema de los refugiados y la inseguridad alimentaria. Mucho debe haberse degradado el país en los últimos cuatro años para que hayamos perdido más del 30% de la puntuación.

El Fund for Peace (FfP) construye el FSI a partir de un programa de computadora, la “Herramienta del Sistema de Evaluación de Conflicto” (CAST en Inglés), la que “se alimenta de la lectura de decenas de miles de publicaciones y de las que se le alimentan manualmente para buscar palabras claves que den indicación de conflictos” según su descripción. De este análisis sacan 12 “Indicadores” que son los que se evalúan. Los mismos pueden encontrarse en: www.fundforpeace.org/programs/fsi/fsindicators.php

A continuación presentamos la valoración dada a República Dominicana, Haití  y un grupo de países vecinos que nos puede servir de referencia de que tan bien o mal estamos en cada renglón.  En cada columna se valora un indicador de 0 (no existe el problema) a 10 (alta prevalencia del problema). En la penúltima columna se suma el total de puntos y en la última se determina la posición en el ranking.

De acuerdo al software de FfP en el tema 1, “Incremento de la presión demográfica”, Haití tiene menos problemas de presión demográfica que Brasil, Honduras, Guatemala, RD y Colombia.  Lo que es lo mismo, en Haití hay menos problemas de densidad poblacional con relación a su suministro de alimentos y otras fuentes de suministros para la vida, menos problemas para la productividad de las personas, libertad de tránsito e interacción social. En Haití,  según FfP, hay menos problemas de propiedad de la tierra y proximidad a peligros medioambientales. También en Haití hay menos deformación de la pirámide poblacional (exceso de jóvenes o viejos) que en los países citados.  No se cuales medios de comunicación ha estado leyendo el software de FfP, o cual le alimentaron, pero evidentemente el CAST castigó a los otros países de forma irracional.  El Haití que yo conozco, tiene 9 millones de habitantes en 24,000 km cuadrados, es incapaz de sostener su población en producción de alimentos, en suministro de agua, en tierra arable, en recursos marinos, etc. El Haití que yo conozco tiene una tasa de mortalidad infantil bajo 5 años de 123 por cada 1,000 nacidos vivos, una expectativa de vida de 49 años, y un índice de analfabetismo de 50% contra 35 por cada 1,000, una expectativa de vida de 67 años y un 24% de analfabetos en RD.

El CAST calculó que el tema 2: “movimiento masivo de refugiados o personas desplazadas internamente” es igual en Haití que en Colombia, RD, Venezuela, y Cuba. Esto a pesar de que RD no tiene éxodo como Cuba.  Probablemente el CAST calculó como igual el problema de los “boat people” de Haití, los balseros cubanos, los campesinos desplazados por las guerrillas colombianas en su territorio y en la frontera con Venezuela y los dominicanos que cruzan el canal de La Mona hacia Puerto Rico. No se si le habrán alimentado a la computadora el millón o más de refugiados económicos haitianos en RD.

En el ítem 3 “legado de venganza, odios o paranoia intergrupal” el CAST le dio a Haití 7.7 de 10.0 puntos posibles, a Guatemala 7.4 y a RD 7.1. CAST no vio las guerrillas zapatistas en Méjico, los paramilitares de Colombia, Haití, El Salvador, Guatemala y Nicaragua; no vio el Movimiento La Balas en Haití, ni los odios ancestrales entre mulatos y negros.  No vio la exclusión de los indios centroamericanos en Costa Rica, ni en Colombia, ni oyó los programas de radio del presidente Chávez acusando a los “blanquitos” de todos los males de Venezuela.  Por lo visto, RD tiene guerrillas, o se persigue a la gente por su color, o ¿será que tomaron en serio al ex Consultor Jurídico cuando hablaba de las “clases perfumadas”?

En cuanto a la fuga humana (ítem 4) sólo El Salvador (2.7) está mejor que Haití (3.4); Honduras Colombia y Méjico están por encima de los 9.0 puntos, a RD le tocaron 8.8. No me queda más remedio que asumir que la interpretación es que en Salvador y Haití ya no quedan profesionales, intelectuales y disidentes políticos por huir del país; que la emigración voluntaria de la clase media, particularmente los segmentos productivos se agotó y que ya no hay exilados haitianos porque los presidentes exilados en África no cuentan. Aquí, hasta donde sé, aparte de Sam Goodson no hay fuga de cerebros tan notable. El item 5, “Desarrollo Económico Desigual” Cuba y Méjico se salvan del 9.0, lo de Cuba lo entiendo, allí sólo hay dos clases: pobres y gente con FE (Familia en el Extranjero). Decir que en RD hay desigualdad es redundancia, pero atribuirle esta desigualdad a “razones grupales” es una manifestación de ignorancia crasa. La desigualdad de los dominicanos es el resultado de la falta de educación y salud del pueblo, de una clase dominante demasiado mezquina para entenderlo y cuya poca fe en el futuro del país les impulsa a maximizar la extracción de beneficios inmediatos y no invertir en el futuro de una mejor y más productiva nación.

El ítem 6: “Declinación Económica Aguda o Severa”, la verdad es que no me siento en ánimo de discutirla, cualquier valor que nos pongan por debajo de 10 es un acto de generosidad. Sin embargo, habernos dado un 6.8, por debajo de Colombia, Guatemala y El Salvador es una iniquidad contra estas naciones.  Ninguna de ellas perdió en dos años el 40% de su PIB, ni le bajó el Per Capita de manera tan brutal como a nosotros.  En estas naciones no se han tirado a la calle 200 mil desempleados, ni la deuda externa subió en cuatro años del 25% al 50% del PIB; definitivamente, el software CAST parece que simpatiza con el PPH.

Mi sospecha del PPHchismo del software se confirma en el punto 7. “La criminalización o pérdida de legitimidad del estado” se compone de los siguientes factores: Corrupción o beneficio masivo y endémico de la elite gobernante; Resistencia de la elite gobernante a la transparencia, responsabilidad y representatividad política; Amplia pérdida de la confianza popular en las instituciones y procesos estatales y Crecimiento del crimen organizado ligado a la élite gobernante. Si alguien me dice que en el 2004 estos factores estaban mejor en RD que en México, Salvador, Brasil, Cuba, Honduras, Guatemala, Venezuela, Colombia e incluso Haití, tengo que asumir que le está haciendo campaña a Hipólito.

El “Deterioro progresivo de los servicios públicos” es el ítem 8; en RD esto es la crónica de una muerte anunciada. Los apagones con la electricidad más cara del mundo, la irregularidad del agua potable, escuelas sin aulas, hospitales sin medicina, la policía perdiendo la batalla contra la criminalidad y un largísimo etcétera no me dejan más remedio que aceptar que el 9.6 que nos dieron es justo.  Mientras escribo este artículo con la luz del inversor, recibo un email de un amigo en Tailandia que no sabe que cosa es ese aparato.  De hecho, de los 75 países encuestados por el FfP sólo Togo, Somalia, Haití y Corea del Norte están peor que nosotros.

El item 9, “Suspensión o aplicación arbitraria de la legalidad, y violación generalizada de los derechos humanos” no entiendo como llegaron ahí. Entre todo lo malo que tiene este país, la justicia es de las instituciones del estado que han avanzado a pesar de nosotros y los políticos que nos gastamos. Darnos una puntuación de 9.2, por encima del despelote de Venezuela, la existencia de aberraciones legales como la figura de la “peligrosidad” en Cuba, el Priismo de los juzgados mexicanos y la inexistencia de la ley cuando favorece a un indígena en Honduras, Salvador y Guatemala es una execración.

El aparato de seguridad opera como “un estado dentro del estado” es el ítem 10, en el cual sacamos “regular”: 7.0. Me llama la atención sin embargo que Brasil y Colombia, donde hay grupos parapoliciales que ejecutan gente en las fabelas y paramilitares  que ejecutan sospechosos de guerrilleros respectivamente estén por debajo de nosotros. A menos que no hayan asumido a los “guachi” como ejércitos privados, no se.

Aparición de elites adscritas a facciones es el punto 11. De donde sacaron las señoras del FfP la puntuación de 9.2 es un acertijo que excede mi imaginación. Los elementos que componen este ítem son a) Fragmentación de las elites dominantes e instituciones del estado en bandos grupales; Hay más fragmentación de las élites dominantes en bandos en los Estado Unidos que en RD, si no me lo cree, búsquese la historia de los grupos Morgan y Rokefeller y sus relaciones con los partidos republicano y demócrata.  El criterio b) es el Uso de la retórica política nacionalista por las élites dominantes, frecuentemente en términos de redención comunitarios (p.e. “la gran Servia) o de solidaridad comunal (p.e. “limpieza étnica” o “defensa de la fe”), no sé que comieron las señoras que hicieron este índice ese día, pero confundieron RD con Rwanda, a quien le dieron un 8.3 a pesar de las matanzas entre Tutsis y Tutus. Aquí emulando a un chusco habría que decir que “las doñas ‘tan pasá”.

Finalmente en el punto 12 “Intervención de otros estados o actores políticos externos” las doñas no la vieron. Darnos un 4.0, por debajo de Venezuela y Cuba, es desconocer que aquí solo hay una “Embajada” y que la institucionalidad del conteo electoral lo finiquita un embajador de la Unión Europea más un monseñor en tres minutos.  Guantánamo tiene menos efecto sobre la vida de los cubanos y su gobierno que un político español (accionista de una distribuidora de electricidad) sobre la desgracia de 9 millones de dominicanos.

Creo haber demostrado que el infame Reporte de Estados Fallidos es un intento fallido de automatización de una cosa que necesita más cráneo que una computadora. No descarto sin embargo que el esfuerzo por producir reportes que sirvan como aviso a la comunidad internacional de los riesgos de pérdida de institucionalidad en los países del tercer mundo sea loable y merece apoyo.

Por el momento, sin embargo, me voy a quedar con la clasificación del Banco Mundial de “Países Menos Desarrollados” entre cuya lista de 50 no estamos, y que mide el PIB, el Índice de Activos Humanos y el Índice de Vulnerabilidad Económica.  Me quedo también con el “Instrumento de Evaluación Institucional y Políticas de Pais” del International Development Association del Banco Mundial que nos coloca en los países de desarrollo medio y hasta con el “Mapa de Derechos Humanos y Conflictos Mundiales” del PIOON.

Sin embargo, no puedo dejar de preocuparme que nuestro vecino Haití sea una nación inviable y un Estado realmente Fallido. La más cruel verdad sobre que es Haití y el rol de la comunidad internacional frente ellos está contenida en la página 5 del Reporte al Ministro de Relaciones Exteriores de Francia de enero del 2004, popularmente conocido como Reporte Debray que traduzco a continuación:

“Una singular ausencia: Sin petróleo, sin uranio ni piedras preciosas, sin armas de destrucción masiva, sin un estrecho de valor estratégico, sin terroristas de exportación, apenas una playas afables, un SIDA endémico y millares de boat-people que las corrientes empujan hacia Florida o las Bahamas. ¿La droga? Pasa sobre todo hacia el Norte. Los Estados Unidos pueden temer una Liberia a sus puertas, y actuar, o bien abstenerse, en consecuencia, ese es su problema. Esta galera, este avispero, este bazar de lo bizarro, este crisol del diablo: pocos dividendos para nosotros, si nos comprometemos más que a medias, y no mucho que perder si nos retiramos de una vez por todas.”

Esta descarnada evaluación se refleja en una peligrosa situación para República Dominicana. Cuando ese “avispero” sea un problema inmanejable para la comunidad internacional pasará, como ya pasó, que harán unas elecciones al vapor, o traerán un presidente de repuesto y todo el mundo se lavará las manos. Sólo quedará, otra vez, un vecino pobre también, pero menos pobre, con quien venir a compartir las migajas de la miseria y la enfermedad.

Los franceses, que sembraron en Haití 1,250,000 esclavos arrancados de áfrica y cuyo rey Carlos X tubo el descaro de cobrarle a los Haitianos 150 millones de francos en 1825 como reparación de los daños a los colonos, junto al resto de Europa, tienen una deuda moral por el crimen contra la humanidad de haber raptado 13 millones de seres humanos de África ya haberlos esclavizado en América. Abandonar Haití a su suerte constituirá el segundo crimen de lesa humanidad que se cometa contra esa nación.

Solo la solidaridad puede salvar esta situación y el gobierno dominicano debe, por el bien de Haití y el nuestro, montar una campaña en todos los foros mundiales para que los países del G10 asuman el rescate de Haití, antes que llegue la desolación; porque en palabras del presbítero episcopal haitiano Pilles Danroc “La desolación impide toda construcción o estructuración de las personas y sociedades”.

El autor es consultor empresarial.
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