Un futuro negro para la isla

FRANCISCO ALVAREZ CASTELLANOS
La noticia no me tomó por sorpresa. ¿La razón? Simplemente que he escrito varios artículos sobre el problema que enfrenta Haití con la deforestación y que, de refilón, hace tiempo, más de 50 años, empezó a tocarnos a nosotros.

Según expertos de las Naciones Unidas, en Haití apenas queda de un dos a un cuatro por ciento de bosques. Dicho simplemente, Haití es un desierto tropical con unos cuantos “oasis fluviales”…en vías de extinción, debido, precisamente a la tala indiscriminada de árboles…para hacer carbón.

Prensa Asociada señala en una detallada información publicada en HOY el pasado tres de marzo, que “la deforestación presagia un futuro muy sombrío para Haití”.

En Haití, el que tumba un árbol no come, según Fanel Cantave, de 36 años de edad, quien confiesa que no tiene otro medio para ganarse la vida. Esa tala está conduciendo a la erosión de la poca tierra cultivable que aún queda en ese país. Y esa realidad, señores, me pone los pelos de punta, porque el mal día en que Haití no tenga tierras cultivables, ni bosques y poca agua, solo tiene un camino: cruzar la frontera y apropiarse de muchas tierras, de las que bastantes no están cultivadas, pero que son tierras dominicanas, tierras que hemos defendido a costa de verter mucha sangre.

Precisamente estamos en un mes histórico para nuestro país. Y hay dos fechas que ratificaron al invasor nuestro derecho “A ser libre o morir”.

Primero, la batalla de Azua, el 19 de marzo de 1844. Y segundo, la batalla del 30 de Marzo, en Santiago de los Caballeros, hitos que expresaron de forma categórica a lo que estábamos dispuestos.

Hace algunos años la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, invirtió (más bien “gastó”, diría yo), 22.8 millones de dólares para plantar 30 millones de árboles que dieran ayuda al campesino. Pero los haitianos convirtieron en carbón los árboles adultos.