Un gallo perturbador

Federico  Henríquez Gratereaux

Esta mañana me despertó muy temprano el canto de un gallo ronco, que parecía estar acatarrado. Obviamente, se trataba de un gallo urbano que erguía su garganta en medio de edificios de apartamentos. Tal vez la contaminación de la ciudad le impide cantar limpiamente, como hacen muchos gallos rurales. Sin haber despertado por completo, percibí los ruidos del amanecer; cerré otra vez los ojos y evoqué los gallos -bolos y coludos- de nuestra política tradicional; y los gallos de las trabas de Azua, que dan espuelazos mortales que llaman “golpes de Estebanía”. No sé bien si ensoñaba o “empensaba”, pues no estaba despierto ni dormido.

Federico García Lorca era muy sensible a los ladridos lejanos de los perros, al crujir incesante de grillos al anochecer. El poeta granadino, fusilado en 1936, escribió: “se apagaron los faroles/ y se encendieron los grillos”. También dijo: “…los árboles han crecido./ Y un horizonte de perros/ ladra muy lejos del río”. Pero este gallo que ha interrumpido mi sueño, de canto incompleto y fallido, no sé si sería capaz de estimular “el duende poético” de García Lorca, como ocurrió con los grillos y los perros. Comprendí entonces por qué en los teatros de zarzuelas se usa la expresión: “a este tenorete se le salió un gallo”.

Esa situación intermedia entre la vigilia y el sueño nos empuja a relacionar disparatadamente los objetos del mundo, las obras artísticas, los sucesos políticos, hasta volverlos un verdadero revoltillo. Rubén Darío, al final de su “Sinfonía en gris mayor”, afirma: “…la vieja/ cigarra ensaya su ronca guitarra senil/ y el grillo preludia su sólo monótono/ en la única cuerda que está en su violín”./ Cigarras, grillos y perros, han tenido mejor trato entre poetas que los gallos, sean éstos de lidia o de corral.

Hasta en las composiciones populares predominan otras aves distintas del gallo, madrugador por excelencia. Una vieja canción que cantaba Daniel Santos, decía: “El turpial y el ruiseñor,/ saludarán la mañana,/ que sus colores derrama/ cuando se despierta el sol”. ¿Qué pasa con los gallos? Son emblemas de los partidos políticos, símbolos de la virilidad; aparecen en las veletas y en los Evangelios; pero no han logrado aprender a cantar.