¿Un gobierno flojo ?

FRANCISCO ALVAREZ CASTELLANOS
El título de este artículo no es original. Fue utilizado por mí exactamente el 20 de septiembre del 2004, un mes y cuatro días después de haber tomado posesión de la Presidencia el doctor Leonel Fernández.   Pero varias cosas me hicieron pensar que estábamos ante un gobierno que no se atrevería a tomar las decisiones valientes que este país necesitaba, y necesita, con urgencia.

Preví lo que pasaría en los próximos meses. Como por ejemplo la actuación del Senado ante el Poder Ejecutivo, la impunidad de aquellos que desfalcaron el erario, la salida del país de gentes que deberían estar en la cárcel hace tiempo, la pasividad con que el gobierno trata diferentes asuntos que ameritan una mano dura, de acuerdo a la ley y, entre muchas cosas más, el “sainette” de mal gusto que es el tristemente famoso juicio sobre el Plan Renove, en el que la Fiscalía ha mezclado los “mansos” con los “cimarrones”.

Todo el mundo sabe en la forma en que Hipólito Mejía dejó el gobierno: quebrado, desacreditado, sin esperanzas. Leonel Fernández llegó al poder con el objeto (jamás lo he dudado) de poner las cosas en orden. Pero, a mi juicio, no ha tenido éxito.

Han pasado más de ocho meses y ningún individuo ligado al culpable del desastre nacional ha sido ni remotamente molestado y, es más, se pasan la vida haciendo ostentación de sus mal ganadas riquezas y, lo que es peor, casi dictándole normas al gobierno, atacándolo por “las cuatro bandas” como si estuviéramos en una campaña electoral, sin que nadie haga nada para detener tanta infamia.

Es mi opinión personal que en este país podría pasar lo mismo que en Venezuela, pero con resultados obviamente diferentes. Me refiero a que estamos a las puertas de la desintegración de todos los partidos políticos, dejándole el poder sabe Dios a quién.

 Al gobierno actual le falta poner en práctica la “dictadura de la ley”, como la llamaba Juan Bosch, maestro de los políticos honrados y patriotas.

Pero aquí la ley es un “simple pedazo de papel”, algo que los politicastros han tomado como su “biblia de negocios”. Y no aparece nadie capaz de decir “hasta aquí llegó mi amor”.

Leonel Fernández, ya sea por “prudencia” o no sé por qué otra cosa, no está haciendo las cosas que el pueblo esperaba. Todo se funda en anuncios de la construcción de tal o cual obra, pero el Senado le ha doblado el brazo cuantas veces ha querido. Y vemos como senadores venden sus carros exonerados (aunque la ley lo prohíbe hasta cierto tiempo); vemos como se “mercadean” las leyes siempre a cambio de algo que los favorezca; a legisladores; vemos como se compran curules legislativas que tienen que ganarse en elecciones. El Presidente de la República ha querido, y quiere, hacer el gobierno que forjó su mente. Pero no ha sabido enfrentarse con sus enemigos políticos (adversario político es otra cosa), que están prácticamente “comiendo con su dama”.

Pero Fernández tiene aún por delante tres años y tres meses para hacer las cosas que quiere hacer, que tiene que hacer, que debe hacer.

De lo contrario, le estaría abriendo el camino a un PRD enlodado, dividido, pero poderoso a pesar de todo, teniendo en cuenta que el PLD se desgasta más cada día y que el PRSC no se sabe donde está.

Y un país con esa clase de partidos políticos está maduro para caer en las manos de cualquier advenedizo que crea que el país es algo absolutamente suyo.

Nos estamos buscando una dictadura, y no precisamente con apoyo popular. Miremos a Venezuela, donde un coronel ilustrado, de academia, después de un frustrado golpe de Estado, ganó unas elecciones democráticas y con ellas la Presidencia de su país. Chávez ha ganado prácticamente cuantas elecciones y referéndums se le han presentado, y en una ocasión fue despuesto…pero solo por dos días, porque el pueblo que lo eligió se encargó de devolverle el mando. Pero Venezuela tiene petróleo (es la quinta exportadora del carburante en el mundo)  y muchas buenas obras tiene que estar haciendo Chávez para seguir siendo tan popular.

Pero, nosotros, ¿ qué tenemos ? Un país que diariamente es invadido por infelices haitianos quienes, junto a su miseria también nos traen el SIDA, la buba, la malaria y sabe Dios cuantas enfermedades más. Lo que me recuerda que hace tres años publiqué un artículo titulado “Haití, país inviable”, al que nadie le ha hecho caso. Y en Villa del Mar, a media hora de esta capital, los haitianos han invadido terrenos, casas en construcción, levantado bohíos increíbles, defecando detrás de los árboles, etc. Y todo esto sin que las autoridades hayan hecho nada para impedirlo.

Yo me siento completamente deprimido, hasta el extremo de que he tenido que ir donde mi psiquiatra, el doctor Cabrera. Mi depresión se basa en que estamos perdiendo rápidamente la tierra libre que nos legaran Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y miles de dominicanos más que lucharon por nuestra independencia.

Y encima de todo esto, el Presidente de la República, que no asistió al sepelio del Papa Juan Pablo II, ni a la misa que en su memoria se ofició en nuestra Catedral Primada de América, se le ocurrió gastarse varios cientos de miles de dólares para asistir a la “coronación” del nuevo Papa, Benedicto XVI.

No sé que pensar. Solo repetir, no ya en forma de interrogación, que este sigue siendo UN GOBIERNO FLOJO.