Un mausoleo para Rosa Duarte

Rosa Duarte para mí es nuestra mejor rosa; es un ejemplo de mujer empoderada: mujer sin temor, con ideas y determinación; que se entrega a una gran causa y que supo jugar su rol: siendo el soporte de su hermano y de su familia, para que se consolidara una gran labor: la labor patria. Fue capaz de renunciar a todo: renunció hasta al amor, a realizar una vida propia, a ser esposa y madre, consagrándose a cumplir su destino, al lado de su hermano y de su familia. Rosa fue, para mí, después de Vicente Celestino, la gran protectora de su familia al morir el padre, Juan José.
Hoy, con estupor y dolor comprobamos, que si la vida le negó casi todo, en la muerte también el destino le ha negado la gloria, el reconocimiento y el esplendor merecido, y una tumba. Es que la desgracia es tan grande para ella ya que sus restos, los remanentes del polvo que quedaba de su cuerpo se perdieron entre el resto de los huesos de personas sin nombres y sin historia en el Cementerio General del Sur, en Caracas, Venezuela. Porque la tragedia de esta mujer es tan grande que esos reclamos no lo hicieron ni familiares ni el Estado dominicano. Nadie fue capaz de reclamar sus restos para que descansaran en esta patria que la vio nacer.
Que el pueblo dominicano sepa, ahora, que casi se cumple el bicentenario de su natalicio, que Rosa Protomártir Duarte y Díez, hermana del padre fundador de nuestra patria, pero que por méritos propios tiene ganado un lugar de los primeros en nuestra historia
Lo único que nos queda, con vergüenza y dolor, ante la inminencia de su bicentenario, el próximo 28 de junio del año 2020, es la erección de un cenotafio para que las generaciones actuales y las futuras puedan reverenciar su nombre, su memoria y su labor. Es imposible negarle esto a Rosa Duarte; es imposible no darle esto a la familia Duarte y Díez: un cenotafio.