Un motivo de descrédito

La Junta Central Electoral (JCE)  ha solicitado la colaboración del Ministerio Público para detectar a empleados o funcionarios de oficialías vinculados a una amplia red de falsificación de documentos de identificación. El organismo se ha declarado impotente para enfrentar por sí solo este gravísimo  problema. La documentación de identidad de este país está entre las menos confiables a nivel internacional, debido, precisamente, a la facilidad conque se falsifican actas de nacimiento y otros documentos afines.

Desde hace mucho tiempo, las falsificaciones de documentos de uso oficial han sido un terrible dolor de cabeza. No se trata únicamente de documentación de identidad, sino también de propiedad sobre bienes muebles e inmuebles. Estas debilidades hacen que el país merezca poca confianza en la materia. En el caso de documentos de identidad, quizás el punto débil tenga que ver con la poca seguridad contra falsedad de los formularios de asentamiento de actas y los procedimientos que se utilizan para formular y validar declaraciones de nacimiento, puntuales o tardías. Es evidente que hay que hacer investigaciones minuciosas para detectar la corrupción que permite estas falsificaciones. En cualquier caso, el país tiene que quebrarle el espinazo a estas mafias y desterrarlas de organismos tan delicados como los que manejan estas cuestiones.

 

Preservación de áreas protegidas

Ala secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarena) le toca ahora curar un mal que se dejó crecer innecesariamente. El desalojo de agricultores de Los Haitises pudo haberse evitado si en su momento las autoridades hubiesen tomado las previsiones de lugar, sobre todo la de no permitirles entrar. Ahora esa gente se siente con derechos adquiridos y no faltará quien salga en su defensa.

El país tiene que trazar una política integral de protección del medio ambiente que enseñe a los habitantes de zonas boscosas a convivir con la naturaleza sin causarle daño. Hay que crear conciencia sobre el hecho de que los árboles no se reponen a la velocidad que se les destruye, y ahí está la desertificación de Haití como prueba de ello. Hay que mantener una vigilancia permanente sobre las áreas protegidas e impedir a toda costa que problemas evitables como el de Los Haitises crezcan y se hagan difíciles de resolver sin traumas.