Un nuevo enemigo se acerca a EU

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POR THOM SHANKER
WASHINGTON .-
Gramo por gramo y golpe por golpe, las fuerzas militares israelíes son de las mejores del mundo. Pero Hezbollah, con la disciplina y ferocidad de sus combatientes y la capacidad para situar armamento avanzado, ha tomado a Israel por sorpresa.

 Ahora esa sorpresa ha sacudido a Washington y a todas las fuerzas armadas de Estados Unidos. A funcionarios estadounidenses les preocupa que no estén preparados, tampoco, para el estilo de hacer la guerra de Hezbollah, y un tipo que enfrenta a los buscadores contra los que se ocultan y favorece a estos últimos.

Seguro de que otros terroristas están aprendido de los éxitos de Hezbollah, Estados Unidos está estudiando el conflicto de cerca en busca de lecciones que aplicar en sus propias guerras. Los planificadores militares sugieren que el Pentágono tome una página del manual de Hezbollah sobre operaciones ágiles de unidades pequeñas conforme combate a insurgentes y células en Irak y Afganistán y planea hacer frente a más células y sus estados patrocinadores en todo Medio Oriente y en Africa, el sudeste asiático y Latinoamérica.

 Estados Unidos e Israel han combatido a ejércitos convencionales de naciones-estado y a intangibles organizaciones terroristas. Pero Hezbollah, con la soficticación de un ejército nacional (casi hundió un barco de guerra israelí con un misil crucero) y la invisibilidad letal de un ejército guerrillero, es un híbrido. Las viejas etiquetas, y la vieja planeación, no aplican. Ciertamente su estilo de combate del siglo XXI es conocido, en papel. El estilo incluso tiene sus propias etiquetas, incluida guerra de redes, o “net war”, y guerra de cuarta generación, aunque a muchos en las fuerzas armadas no les importan esos títutlos. Pero los campos de batalla en el sur de Líbano resulta que están aquí, y más pronto de lo esperado. Y el círculo de seguridad nacional estadounidense está luchando por adaptarse.

“Ahora estamos en la primera gran guerra entre naciones y redes”, dijo John Arquilla, profesor de análisis de defensa de la Escuela Naval de Posgrado, y destacado analista de la guerra de redes. “Esto prueba la creciente fuerza de las redes como una amenaza para la seguridad nacional estadounidense”.

En una conferencia que Arquilla llama Net Warfare 101, describe cómo las fuerzas militares tradicionales están organizadas en una jerarquía estricta, de generales a soldados rasos. En contraste, las redes hacen plana la estructura de mando. Están distribuidas y dispersas, son ágiles, móviles y tendientes a la improvisación. Esto las hace efectivas, y difíciles de rastrear y de atacar.

 Una guerra de redes difiere de todas las guerras previas, que fueron enfrentamientos brutales de fuerzas, masa contra masa; lo que Matthew Arnold llamó contiendas sangrientas de “ejércitos ignorantes” que se encuentran en la “oscura planicie”.

 La guerra de redes es la batalla de muchos, organizados en pequeñas unidades, contra fuerzas militares convencionales que organizan a sus muchos en unidades grandes. Estas fuerzas de redes no son ignorantes. Tienen conocimientos de computación, propaganda e Internet, y son capaces de disparar armas complicadas para causar gran impacto.

 “La cantidad de información es ciertamente una característica de este tipo de insurgencias”, dijo Daniel Benjamin, quien laboró en el Consejo de Seguridad Nacional durante el mandato del Presidente Bill Clinton antes de unirse al Centro para Estudios Estragégicos e Internacionales. “En Irak, por ejemplo, las lecciones sobre cómo construir y colocar dispositivos explosivos improvisados se han extendido y han sido asimiladas en tiempo récord. Seguramente el equivalente insurgente de una presentación de PowerPoint sobre los éxitos de Hezbollah se difundirá ampliamente en los sitios de Web insurgentes y terroristas”.

Hezbollah pasó los últimos seis años dispersando unos 12,000 cohentes en todo el sur de Líbano en una vasta red de sitios ocultos, todos divididos en zonas locales con un mando independiente.

 “Cavaron túneles. Cavaron búnkers, establecieron sistemas de comunicaciones: teléfonos celulares, radios, incluso mensajeros para llevar mensajes que no son susceptibles a la intercepción electrónica”, dijo un oficial militar con experiencia en Medio Oriente. “Dividieron el sur de Líbano en zonas militares con muchas unidades pequeñas que operan independientemente, sin la necesidad de control central”.

Para atacar a Israel, Hezbollah dispersó a sus combatientes sin marcas, uniformes o vehículos distintivos. Los combatientes tienen acceso a las armas sólo en el momento del ataque, y luego desaparecen. Esto hace casi imposible evitar el ataque. Es una modernización importante de las clásicas tácticas guerrilleras de atacar y huir. Israel ha sido incapaz de degradar significativamente el número de cohetes debido a este enfoque. Hezbollah disparó más de 100 al día al inicio de este conflicto; siguen disparando más de 100 diarios, pese al bombardeo israelí.

 Hezbollah aún posee los aspectos más peligrosos de una red terrorista intangible. No se apega a las reglas de la guerra ya que ataca indiscriminadamente a civiles. Los ataques contra sus posiciones conllevan un alto riesgo de matar a inocentes. Al mismo tiempo, ha alcanzado las capacidades y otros atributos importantes de una nación-estado. Tiene territorio y escaños en el gobierno libanés. Utiliza armas de alta tecnología y posee el poder de ataque para amenazar a toda la población de una superpotencia regional, o al menos a aquellos en la mitad norteña de Israel.

 Aunque Hezbollah ha surgido como un nuevo tipo de amenaza, no puede olvidarse que la red es una creación de Irán, con el apoyo de Siria, y ambos países saben que no pueden atacar a Israel — o los intereses estadounidenses — directamente. El gobierno de George W. Bush está debatiendo internamente si el mejor curso de acción contra Irán y Siria es negociar con ellos, aislarlos o hacer algo más fuerte.

El éxito de Hezbollah al sobrevivir al bombardeo israelí representa una implicación inmediata para la planeación militar estadounidense a medida que Estados Unidos contempla qué hacer sobre Irán, ya sea como parte de un esfuerzo para frenar sus ambiciones nucleares o una ofensiva más amplia con objetivos políticos, como un cambio de régimen.

Los planificadores del Pentágono que se enfocan en la región predicen que las fuerzas militares estadounidenses enfrentarían un conflicto mucho menos convencional que el de las columnas blindadas que invadieron Bagdad y derrocaron a Saddam Hussein. Irán adiestró a Hezbollah, y puede combatir como Hezbollah.

 Los planificadores militares dicen que están estudiando de cerca a grupos como la fuerza paramilitar Basij, organizada, entrenada y equipada por los Guardias Revolucionarios de Irán para proporcionar una red iraní siempre lista de 90,000 fuerzas de tiempo completo, 300,000 reservistas y una base de movilización de más de un millón de hombres que empequeñecerían a la insurgencia que obstaculiza los esfuerzos de Estados Unidos en Irak.

 También de gran interés en la amenaza militar de estas redes es que algunas de las tecnologías más importantes alguna vez casi bajo control monopólico de las fuerzas armadas estadounidenses ahora están disponibles en L.L. Bean, Eddie Bauer y Sharper Image, entre ellas lentes de visión nocturna de alta calidad y dispositivos de posicionamiento global.

 “Estamos hoy en un mundo en que tenemos a un actor que no representa a un estado usando todos los instrumentos del armamento”, desde aviones no tripulados hasta cohetes y dispositivos para hackeo computacional, dijo P.W. Singer, miembro del Instituto Brookings que se especializa en el impacto de las nuevas tecnologías en la seguridad nacional. “Así es como lucirá esta nueva guerra del siglo XXI. Ahora hemos entrado en una era en que los no-estados o casi-estados se desempeñan mejor militarmente que los estados”. Añadió: “No pienso que tengamos respuestas todavía en cuanto a qué hacer”.

Estados Unidos también tiene que tomar en cuenta el alcance global de Hezbollah, se le culpa de los ataques a blancos judíos e israelíes en Argentina en los años 90, y sus células operan en Latinoamérica, todo Medio Oriente y el sudeste asiático, y pudiera atacar a intereses estadounidenses en cualquiera de esos lugares.

 Crítico para la respuesta de Estados Unidos, dicen oficiales militares y expertos académicos, es que Estados Unidos reconoce que se necesita una red para combatir a una red. Las agencias de espionaje y las fuerzas militares de Estados Unidos probaron que puede librar este tipo de guerra, como hizo en Afganistán para desarraigar a Al Qaeda, cuando oficiales de espionaje y pequeños grupos de las Fuerzas Especiales del Ejército trabajaron con combatientes locales para realizar devastadores ataques aéreos y derrocar al Talibán.

 Dentro del gobierno de Bush y en todas las fuerzas armadas, está surgiendo una opinión más clara del caos en el sur de Líbano. Es que las naciones-estado saben que no pueden enfrentar directamente a las superpotencias — ya sean regionales o globales — sin ser arrasadas por completo, así que usan a sustitutos que entrenan y apoyan para combatir a esas superpotencias. El combate contra grupos como Hezbollah requiere una estrategia para hacer frente a sus patrocinadores. Estas redes, incluida Hezbollah, no flotan en éter como electrones libres que chocan entre sí. Aterrizan. Se atan a territorios. En Afganistán fue con el pleno apoyo del Talibán. En Pakistán, es un espacio ingobernado. En Líbano, es un estado dentro de un estado. Si se les interrumpe el apoyo estatal, o se elimina la capacidad de las redes para sobrevivir en áreas ingobernadas, colapsan por sí mismas.

 No se ha escrito una solución. Pero incluiría la fuerza militar junto con diplomacia, asistencia económica, espionaje y campañas de información.

 “Más críticamente, tenemos que mejorar en — es un cliché — ganarnos corazones y mentes”, dijo un oficial militar que trabaja en asuntos de contrainsurgencia. “Es decir, influir en poblaciones neutrales para que nos apoyen y no apoyen a nuestros enemigos terroristas e insurgentes”.