Un nuevo reto: desfase entre educación y empleo

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Sin lugar a dudas, la revolución tecnológica y la globalización han reformado y dinamizado el mercado laboral. Sin embargo, nos encontramos con un panorama que puede resultar paradójico; por un lado, altos niveles de desempleo a nivel mundial, como consecuencia a jóvenes graduados se les dificulta asegurar buenos empleos relacionados con su campo de estudio. Por el otro, vemos un gran número de vacantes disponibles. Según un reciente informe de la OCDE, un 35.4% de las empresas en América Latina tiene dificultades para encontrar trabajadores con las competencias profesionales requeridas. Con lo anterior, se advierte un desajuste entre lo provisto por el sistema de educación y las habilidades demandadas por los empleadores.

El principal reto, en este sentido, consiste en reestructurar la educación oficial para producir las habilidades necesarias en el individuo, para que sea capaz de conseguir trabajo en un mercado tecnológicamente cambiante. Para esto, es preciso que el proceso de la educación hacia el empleo sea una transición en la que colaboren, conjuntamente, estudiantes, educadores y empleadores, de modo que se obtenga una sólida formación profesional, se promueva la educación continua y se facilite el acceso al mercado laboral.

En un reporte de la prestigiosa institución McKinsey, titulado “Educación hacia el Empleo”, se realiza un análisis de dicha transición. El primer aspecto tratado en dicho informe concierne a la decisión de los jóvenes de continuar los estudios luego de la secundaria. Ya sea por el costo de la educación, la falta de capacidad o información, queda en evidencia la baja percepción de los jóvenes sobre la continuidad en la formación educativa. Incluso, una vez superado ese primer desafío, los jóvenes se enfrentan a la disyuntiva de qué estudiar y dónde. Muchos no poseen la información suficiente sobre la disponibilidad de trabajos o los niveles de salarios asociados a sus áreas de estudios; no están familiarizados con las condiciones y requerimientos del mercado. Más aun, se cuestiona la competencia de los estudiantes recién graduados, si poseen ciertas capacidades sumamente demandadas como el manejo de herramientas tecnológicas.

Otro de los retos claves tiene lugar cuando los jóvenes están terminando sus estudios y se preparan para ingresar a la fuerza laboral. En este sentido, los estudiantes esperan conseguir un trabajo acorde con sus habilidades; los empleadores quieren encontrar el talento correcto; y los proveedores de educación valoran las tasas de colocación como indicador de la relevancia y la calidad de sus programas. El alto nivel de desempleo juvenil nos indica la seriedad del problema.

Las dificultades para ingresar al mercado laboral son reflejadas en el creciente porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NINI). Según un reporte de la OCDE, el 15% de personas entre 15 y 29 años formaban parte de esta categoría en el 2013, representando alrededor 39 millones de personas en los países de la OCDE. A algunos les toma tiempo conseguir su primer trabajo y otros poseen trabajos interinos (25% de jóvenes posee contratos temporales) que, en ocasiones, no guardan relación con su campo de estudio.

Es preciso señalar uno de los casos más exitosos en la transición de la educación al empleo a nivel mundial. Alemania, con una tasa de desempleo menor al 5%, posee un sistema de educación dual en la empresa y en la escuela, que permite a los jóvenes prepararse para la futura profesión y su integración en el mercado.

Sabemos que la transición de la educación al empleo no es tarea fácil. Se deben de tomar medidas para que el transcurrir del proceso sea exitoso. Los jóvenes necesitan información sobre sus opciones de estudio y cursos de preparación que les ayudarán a encontrar trabajo. Los empleadores pueden colaborar en el diseño de los planes de estudio y mantenerse en contacto permanente con las instituciones educativas. Finalmente, las instituciones, asesoradas por firmas como McKinsey o Deloitte que han realizado estudios en países como China e India, deben analizar sus métodos y oferta de enseñanza que permitan conectar sus estudiantes al mercado de trabajo.

Investigadora asociada:

Ledys Féliz.