Un órgano de control que genera crisis al Estado dominicano

Un órgano de control que genera crisis al Estado dominicano

Sin llegar a conclusiones anticipadas, y en respeto a la condición y estatus de sus integrantes, sujetos a indagaciones que deben ser minuciosas y profundas, importa mucho que la Cámara de Cuentas exhiba hoy una hoja de servicios que niega, en medio de sus traumáticas contradicciones internas, que esté resultando la herramienta formidable que requiere el país y que la ley le asigna de revisar conductas en busca de irregularidades y deshonestidades en otras instituciones del Estado y entes privados vinculados.

Puede leer: Uniendo esfuerzos para que al Fisco llegue lo que le corresponde

La protección del patrimonio público y la obligación de establecer responsabilidades éticas, administrativas o penales sobre individuos a cargo para las sanciones correspondientes, acusa un notable déficit por confrontaciones que en sus aspectos más visibles reflejan cerrazones del individualismo y la torpe llevada al órgano, con perjudicial heterogeneidad, agendas partidarias. Un fracaso de mixtura en pretensión de imprimir nivel colegiado a la Cámara. Un paso en falso en la selección de miembros que incluyó paralizantes disidencias. Conflictividad al máximo.

Ahora pierde el país y se repite, en medio de la codicia por altos cargos que apadrinan los partidos, una conformación de la importante entidad fiscalizadora sin cauta valoración previa de las características y diferencias individuales que suelen manifestar las personas para evitar que la Cámara derivara en campo de batallas ajenas a su trascendental función ante un pueblo que a gritos pide vencer la corrupción.

Más leídas