Un paso adelante por la salud

Pobre ha sido hasta ahora la logística de atender con rapidez las necesidades de sangre para muchos pacientes; y más pobre aún la cultura que a nivel ciudadano debe proveerla con altruismo para una amplia disponibilidad. En vista de la alta incidencia de accidentes de tránsito con saldos de heridos, mortalidad materna elevada y muchos niños con cáncer apremiados de transfusiones para salvarles la vida, el Hemocentro Nacional, que está a punto de abrir sus puertas, es promisoria tabla de salvación de efecto colectivo. Está proyectado para colectar el plasma en forma centralizada, con suficiente almacenamiento y dotado de mecanismos de transportación para redistribuirlo hacia puntos estratégicos del territorio nacional para que el sistema público de salud pueda brindar cabales respuestas a los estados críticos por desangramientos o insuficiencias orgánicas que los centros hospitalarios registran continuamente.

Este hito asistencial necesita complementos: que el hemocentro opere en las mejores manos desde lo administrativo a lo científico, con particular celo por mantenerlo en óptimas condiciones; y no que por simples faltas de piezas dañadas y de planificación acorte sus funciones. El otro gran logro pendiente es causar impacto publicitario en la comunidad para moverla hacia la solidaridad de donar sangre. Motivar a más y más personas a dar de sí para que el país disponga de reserva.

El superpoder de las cúpulas

La opción a reservar candidaturas que se concede a los partidos para facilitar negociaciones de alianza no debe convertirse, a partir de imposiciones unilaterales, en recurso antidemocrático que cercene el derecho a elegir que asiste a las masas. La discrecionalidad de cúpulas y liderazgos no debe sustituir abrumadoramente el poder de decisión que corresponde a los afiliados. Las tales primarias y otros procesos de selección quedarían como meras apariencias de democracia interna. Bastaría que la Junta Central Electoral acepte que el porcentaje del 20% de reserva pueda aplicarse sobre el total de cargos electivos, y no por nivel del proceso electoral, para que minorías de dirigentes aferrados a la inmovilidad anulen legítimas aspiraciones a cargos importantes que entrarían en contradicción con sus fines monopolistas.