Un poco de inflación es necesario para la recuperación

HECTOR MINAYA
El gabinete económico del gobierno del presidente Leonel Fernández intenta eliminar totalmente la inflación, con la creencia que la estabilidad de los precios constituye una base lo bastante sólida como para acelerar el crecimiento, concepto que se basa en la convicción muy arraigada según la cual los precios estables sí son deseables y lo opuesto es crear incentivos perversos y peligrosos. Contrario al temor del gobierno, con respecto a que un aumento incontrolado de la tasa de cambio podría provocar una elevada inflación y generar un proceso de ingobernabilidad, el principal problema del país no es la inflación, sino la recesión que comienza a apreciarse con síntomas de declive en los principales indicadores de la actividad económica.

La causa de esta recesión es que hay una restricción en la economía, atribuida en medida a la falta de circulante o oferta monetaria, que es una consecuencia de la emisión de los Certificados de Inversión del Banco Central, que actualmente alcanzan un nivel de RD$127,138.2 millones.

En la presente administración gubernamental se ha incrementado la tenencia de dinero por parte del Banco Central, sin trazarse una estrategia para reducir el déficit cuasi fiscal, que obligatoriamente deberá ser asumido por el Gobierno central (pero que todavía no lo contempla), e incorporar la retribución de los títulos financieros, así como el pago de los intereses, en el próximo proyecto de reforma fiscal, que tendría que conocerse para compensar los impuestos que serán desmontados cuando entre en vigencia el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica.

Fue saludable, en términos económicos, la decisión de las autoridades monetarias de declarar desierta la reciente subasta de certificados de inversión, que esperaba captar RD$2,500 millones y que se recibieron ofertas por más de RD$9,000 millones.

No es una idea tonta que una inflación moderada puede ser necesaria para la recuperación económica, si la política monetaria va a tener la capacidad de combatir la recesión.

De hecho, hay una inflación de costos, que se debe al alza que se mantiene en los factores de producción (salarios, tipos de interés, precios del suelo, de la energía, de las materias primas, etc.), pero hay que motorizar una cierta y moderada inflación de demanda, que es imputable, principalmente, al aumento de las intenciones del consumo.

El Banco Central intenta combatir la recesión bajando la tasa de interés de los certificados de inversión, pero este remedio no ha funcionado porque existen otros factores que impiden salir de la trampa, como una tasa de cambio irreal, que se mantiene básicamente por la recogida del circulante.

Una inflación que oscile entre un 2 y 3 % es un índice muy favorable, ya que mantiene abierta la posibilidad de tipos de interés real negativos, algo fundamental para sacar cualquier economía de un estado de depresión.

Con una inflación cero, los tipos reales no pueden ser negativos, porque en tal condición se producirá una situación francamente desconcertante, en que los prestamistas pagarían a los prestatarios por el hecho de tomar dinero a préstamo. Además, una inflación moderada puede actuar a modo de lubricante, contribuyendo a ajustar de un modo más eficaz los precios y los salarios relativos.

Es más, una inflación cero se traducirá en la pérdida de puestos de trabajo y probablemente, en un mayor descontento laboral y social.

Corresponde al Gobierno poner en marcha políticas macroeconómicas para impulsar la estabilidad, el crecimiento y el bienestar económico, pero hay que tener en cuenta la aplicación de una estrategia, que combine inflación y recesión, porque hace falta un poco de inflación para comenzar el proceso de la recuperación.