Un Presidente demócrata lo haría

Millizen Uribe

En la República Dominicana la democracia está subvaluada. Se entiende que sólo implica ir a las urnas cada cuatro años a votar.

Pero la democracia es mucho más que eso. Conlleva desde la garantía de derechos fundamentales como salud y educación hasta la existencia de una nación justa económica, política y socialmente.

En el plano político, abarca además otros dos elementos importantes vinculados a la forma de ejercer el poder: el derecho a la información y la rendición de cuentas.

Cualquier mandatario que en estos tiempos se defina como un líder democrático debe, constantemente, dialogar con la población.

El diálogo no debe ser prefabricado, ceñido a la comodidad y seguridad del marketing o las redes sociales. Debe ser abierto, lo suficientemente transparente como para responder las inquietudes ciudadanas, porque los ciudadanos, y no el mandatario, son el centro de la cultura democrática.

Ignorar esto y optar por silencios dictatoriales o monólogos caudillistas, contradice de lleno el espíritu democrático.

Un Presidente que en realidad sea cercano a la gente, que tenga el oído en el corazón del pueblo no se concibe ni a sí mismo, ni a su relato político desde la prepotencia y la distancia.

Si en realidad es demócrata sabe por demás que es en el pueblo, en quien reside la soberanía y que, por ende, él está para servirle y representarle. Y esto lo hace con humildad.

Un gobernante democrático sabe que los recursos públicos que administra pertenecen al colectivo. Informa al Soberano sobre la administración de éstos y no los usa para su provecho personal y político. Tampoco permite que lo hagan sus colaboradores. Menos cuando el pueblo carece de hospitales dignos que le garanticen el derecho a la salud o cuando permanecen sin solución problemas estructurales como el alto costo de la vida, el déficit de viviendas y de energía eléctrica, de seguridad ciudadana… e impera el caos en la Justicia, en el tránsito, en las instituciones.
Un presidente que estuviera seguro de estar corrigiendo lo que está mal no le temería a la prensa. Se sometería, sin temor, al escrutinio de los periodistas que realmente deciden honrar su condición de perros guardianes de la sociedad democrática.
Y es que rendir cuentas también es parte de gobernar. Y no se trata de hacerlo los 27 de Febrero frente al teatro que es la Asamblea Nacional, limitando el ejercicio a discursos concebidos desde la grandilocuencia oficialista de sólo decir lo que se ha hecho. Es hacerlo siempre.
En las proclamadas Era de la Información y Sociedad del Conocimiento, República Dominicana no puede darse el lujo de reelegir a un presidente mudo. Que para hablar sólo considera sus intereses y nunca los de la ciudadanía.
La historia dominicana está plagada de tiranos y caudillos. ¡Ya basta de proyectos autoritarios! Votemos sólo por líderes democráticos.