Un reclamo de correctivos

Un reclamo de correctivos

República Dominicana ha sobrellevado con bastante éxito el temporal de la pandemia sobre la economía y alcanzado satisfactorios resultados como país amigable a la inversión extranjera, lo que no quita que resulten creíbles las denuncias de prácticas perjudiciales en áreas administrativas que propician extorsiones que deberían ser perseguidas y evitadas más resueltamente.

Siendo Estados Unidos la principal procedencia de capitales migrantes, que confían en el país en medio de una crisis mundial, merecen atención los aspectos adversos de la realidad nacional que se denuncian constructivamente desde Washington. Esos, y unos más, a veces son palpables a los propios dominicanos.

Están en marcha modernizaciones para poner fin a regulaciones desproporcionadas que traban gestiones empresariales y facilitan extorsiones que partirían de algunos funcionarios que busquen lucro. Por ello no paran de surgir expedientes para castigar el peculado.

El lastre de trámites burocráticos debe ir desapareciendo. La simplificación de procesos aduanales y la expedición de permisos a explotaciones industriales y comerciales, son materias pendientes sin que extrañe que el Estado enfrente en sus propias y rígidas estructuras resistencia a los cambios fijados como prioridad. El ministro de Energía y Minas, Antonio Almonte, confirma lo arduo de sus tareas al pedir un tiempo más para completar el saneamiento de las EDE.

Ese otro costo de la vida

El aprovisionamiento de medicinas de precios muy altos, con las que el Estado arroja tablas de salvación a los pobres sin recursos y amenazados de expirar, viene a ser lo último que con frecuencia puede hacerse por seres humanos no aptos para sobrellevar la facturación que conlleva enfrentar enfermedades de procesos críticos. Para el episodio de no disponer de ellas oportunamente no hay apelación.

Los desabastecimientos aún parciales de tales patentizados -como el que ahora existe- y que se canalizan por el programa oficial que trata de igualar a los ricos y a la pobres en acceso a los recursos que evitan la muerte, acentúan, y niegan de la peor manera, la costeabilidad de la vida.

Otras obligaciones de primera necesidad, como comer, no siempre tienen para lo inmediato, el alto precio de morir.