Un rey diferente que mira para abajo

Un común denominador de todos nuestros males es el individualismo irresponsable.  Nadie quiere sacrificar sus intereses  para mejorar la calidad de vida de todos. ¿Un ejemplo?  La situación eléctrica nacional: familias, empresas e instituciones, todas dependen de su mimada planta. Han desesperado de las soluciones colectivas y de los repetidos  “ahora sí lo vamos a solucionar”.  Los iluminados, que saben y pueden, tienen plantas, mientras  el país ¡sigue plantado y apagado!

¿Cómo cambiar esas actitudes y estructuras esclavizantes?

El capítulo 34 del libro de Ezequiel presenta el liderazgo del pastor tan conocido en la antigüedad. El pastor no se apacienta a sí mismo, se interesa por “las ovejas dispersas”, perdidas, enfermas, heridas y descarriadas por diversos vericuetos, “donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones.”

Cuando el profeta describe cómo será la actuación de Dios en tanto que pastor dice: “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro.” 

Un liderazgo, que quiera transformar  nuestro individualismo infantil, necesita involucrarse y exigir un compromiso personal. Pero mientras el poder  y los recursos se concentren en unas pocas instancias, el compromiso personal en los asuntos vitales de la ciudadanía será imposible. Seguiremos dependiendo de lo que resuelvan más arriba…

Estamos acostumbrados a un uso del poder que fomenta el protagonismo de los jefes. Mateo  25, 31 a 46  abre  perspectivas diferentes. En la hora decisiva,  Mateo no enfoca su cámara y sus luces en el Hijo del Hombre, figura decisiva de la historia, sino en lo que cada cual hizo por los más pequeños: “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y fueron a verme.”

¡El rey Jesús nos coronó con la corona de la responsabilidad! Escandalosamente, al Hijo del Hombre ¡no le interesa promover la figura del Hijo del Hombre!, sino que se identifica radicalmente con los hombres y mujeres chiquitos, “les aseguro, cada vez que lo hicieron con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron…”  Cristo, el único líder verdadero, mira para abajo. El cambio que Jesús promovió se basa en que cada cual asuma su cuota de  responsabilidad ante los desafíos comunes. Las casas, las sociedades y los cambios se construyen desde abajo.