Un tranque y sus injusticias

La confrontación entre las partes sindical y patronal ante el Comité Nacional de Salarios, obligado por ley a fijar periódicamente la referencia que para el universo de los trabajadores establece el sueldo mínimo, está auspiciando una ilegalidad que por vía de consecuencias repercute sobre amplios sectores colocados en insuficiencias para cubrir el costo de la vida. Muchos asalariados de categorías superiores al parámetro pendiente sufren una prolongada congelación en sus remuneraciones por el efecto dominó o ausencia de precedentes que creen obligaciones. Es injusto que la economía y los capitales crezcan mientras el ingreso promedio imperante queda sin ascender.

Existen medios institucionales y compromisos sociales a los que puede recurrirse para obviar los desacuerdos sobre el aumento en discusión y la reclasificación de empresas y así dar paso a una resolución de alzas. El Ministerio de Trabajo debe ejercer el arbitraje a plenitud a que está facultado. La seguridad jurídica debe valer para todos. Taxativa e implícitamente la Constitución y las leyes amparan al trabajador. La falta de consenso no puede constituirse en obstáculo para una justa redistribución del ingreso, menos si el factor de costo en la producción que ha estado permanentemente deprimido es el laboral, sector perjudicado además por fallas estructurales que impiden superar el desempleo y su trágico efecto sobre la juventud.

Sobre gestiones y calamidades

La burocracia dominicana está cuestionada de varios modos: campeona en demorar autorizaciones para construir en grande mientras de nada sirve para impedir las pequeñas que no llenan requisitos. La carga de trámites de dudosa utilidad no acaba de comprimirse. Como gigante aparato que construye, el Estado incurre en yerros y costosa duplicación de funciones, echando para atrás y para adelante al edificar hospitales o dejándose engañar con escuelas. En concesión de carreteras ha sido un fiasco con pérdidas millonarias. Entre otras torpezas, pone en peligro la producción avícola por dejarla desprotegida de vacunas, pedidas con tiempo pero autorizadas con retraso y molicie. Ahora mismo está estrangulada la expedición y renovación de pasaportes en perjuicio de miles y miles de dominicanos. Una absurda imprevisión trajo el desastre.