Una “parrilla” de libre circulación

Aunque suene demasiado dramático debe decirse que el tránsito de la ciudad de Santo Domingo continúa empeorando de un día para el otro. Evidentemente, solucionar de un todo este problema será una tarea a muy largo plazo. Pero algo tiene que hacer el gobierno central para evitar que se desperdicien tantos recursos por la negligencia oficial. Si no se puede erradicar el deterioro, que se tomen medidas para, por lo menos, frenarlo.

Es preciso entender que el caos total está formado de pequeñas porciones de desorden que debían ser corregidas una a una. Solo mejorando las partes se puede llegar al ordenamiento del todo. Además, resulta lógico pensar que las correcciones no deben empezar por lo más complicado, sino por lo más sencillo, de manera que sirvan de entrenamiento, experiencia y preparación para el personal que se hará cargo.

Ahora bien, habría que preguntarse si el gobierno de Danilo Medina quiere resolver el caos que la capital no es capaz de seguir soportando. No debía parecer extraña esta pregunta porque el ex presidente Leonel Fernández pasó, recientemente, ocho años en el poder y nunca convenció a la población de que le interesaba ordenar el tránsito capitalino. Al contrario, lo que hizo fue propiciar la locura del tren urbano para desperdiciar más de dos mil millones de dólares, mientras continuó empeorando el ordenamiento urbano.

Si Danilo estuviera verdaderamente interesado, debía empezar por restablecer la autoridad que el ex presidente Fernández desperdició. No le luce culpar por el desorden en el tránsito a los conductores y a los peatones. Mantener el ordenamiento urbano es para lo que el pueblo paga lujosos salarios a los funcionarios del gobierno central y del ayuntamiento de la capital. Esos administradores del Estado dominicano no debían continuar desertando de sus responsabilidades para enriquecer a unos pocos, como tampoco culpar por el desorden a su víctima: el pueblo dominicano. Algunos técnicos independientes creen saber cómo frenar el deterioro del caos del tránsito.

Para mencionar un aspecto del caos urbano, no sería arriesgado asegurar que la capital dominicana ha llegado a convertirse en un gran estacionamiento anárquico de vehículos. ¿Increíble verdad? Pues así es. No hay calle en este país que no esté ocupada en un costado o en los dos costados por automóviles inmovilizados. Peor aún, quienes ocupan esos espacios urbanos son, en su mayoría, los propietarios de locales comerciales quienes, durante todo el día, estúpidamente ocupan el espacio que debería corresponderle a sus potenciales clientes. Asimismo, los residentes dejan los carros horas y horas frente a sus respectivas casas, llegando hasta la inmovilidad por días consecutivos.

Hemos llegado al nivel de desorden en el que la cantidad excesiva de automóviles no encuentra sitio para rodar con seguridad ni para estacionar sin provocar interrupciones del tránsito. La causa del incontrolable  estacionamiento anárquico está en que los gobiernos no han insistido en producir un transporte público colectivo. Pero en lo que la racionalidad y el interés de favorecer a la ciudadanía llegan, los gobernantes podrían hacer un mínimo esfuerzo en ese sentido.

El gobierno podría ponerle atención al hecho de que se pueden ampliar las calles de Santo Domingo sin invertir un solo centavo. ¿Extraño verdad? Pues así es. Tratemos de controlar el privilegio de los estacionamientos indiscriminados de vehículos por toda la ciudad creando una “parrilla” de libre circulación por toda la ciudad. Así obtendríamos las vías libres que permitirán la circulación ágil. Para lograr esto es ineludible buscar y obtener la colaboración de los vecinos de cada zona. No puede lograrse la racionalización del orden urbano emitiendo decretos inaplicables sin conseguir el concurso de las juntas de vecinos, comerciantes, vecinos, peatones, empleados públicos, taxistas y conchistas de toda la ciudad. Las decisiones no pueden llover sobre los ciudadanos, deben ser consensuadas para que permanezcan por siempre.

Es preciso entender que el caos total está formado de pequeñas porciones de desorden que debían ser corregidas una a una. Solo mejorando las partes se puede llegar al ordenamiento del todo. Esto es, si de verdad se quiere solucionar el grave problema del tránsito vehicular en la ciudad de Santo Domingo, primada de América en cuanto al desorden.