Una amarga sorpresa: Clásico Mundial de Béisbol

25_03_2017 HOY_SABADO_250317_ Opinión9 A

Desde mi juventud cuando era un apasionado, no solo de asistir a los estadios, mas un jugador activo que no pude dedicarle el tiempo necesario, por la oposición de mi madre, que pensaba que podía llegar a ser un pelotero profesional, dadas mis condiciones físicas y mi amor por el juego. Formaba parte de un equipo denominado Estrellas de Gascue, que participó en el campeonato de menores de catorce años y mi desempeño como jardinero central era aceptable, ya que tenía un potente brazo y altura de seis pies, en esa época no había prospectos muy desarrollados.

Me gocé hasta lo indecible el triunfo invicto de Dominicana en el Clásico de 2013, llegando junto con dos de mis hijos a contemplar el triunfo nuestro sobre la escuadra de los Estados Unidos en el Dolphins Park de la ciudad de Miami, en donde se instauró el lema de “Plátano Power”.
Para el Clásico de 2017, me solacé cuando tuve conocimiento de los estelares dominicanos, que siendo casi intocables en su conjunto en las Grandes Ligas, optaron por representar su Patria como una manera de devolverle a sus seguidores la esperanza de aunque difícil, un nuevo triunfo el cual pensábamos de nuevo invictos.
La escogencia de nuestro equipo no pudo ser mejor, salvo tal vez una o dos excepciones. Casos de los “infilders” Edwin Concepción y Hanley Ramírez, así como, el lanzador José Cueto, quien estaba reservado para lanzarle al equipo de los Estados Unidos, para de ganar pasar a disputar el título mundial. Todo esto se vino abajo, cuando en un pobre desempeño contra Puerto Rico al dejar en el primer inning las bases llenas sin outs y no poder anotar. Ahí se decidió la suerte de nuestro equipo, que desde ese partido, no pudo levantar cabeza.
Cuando enfrentamos a los Estados Unidos en un partido de muerte súbita, ya que el que perdía quedaba eliminado, nuestra suerte no pudo ser peor. Si en el primer inning, después de haber anotado las dos carreras y con dos en base lo hubiésemos rematado en lugar de batear para una doble jugada, otro gallo hubiese cantado.
La confesión de Manny Machado por cuales razones él jugó con la República Dominicana y no con los EE. UU. fue conmovedora y lo lamentable del caso, que su abuelo mentor hubiese fallecido antes de observar a su nieto con el uniforme de la tricolor. Este joven, hijo de dominicanos, sin lugar a dudas el mejor tercera base en la actualidad, realizó jugadas espectaculares que sacaron de sus asientos a los espectadores, especialmente el tiro que realizó desde tercera para sacar al corredor Miguel Cabrera, de Venezuela. En el caso del lanzador Dellín Betances, nacido en New York de padres dominicanos, al preguntarle por qué jugaba en la escuadra nacional contestó “los dominicanos nacemos en cualquier parte”.
Brinqué desde mi sillón, cuando Nelson Cruz conectó aquel aldabonazo contra el equipo de los EE. UU. De inmediato pensé que todos los miedos y pánicos habían sido resueltos. Pero en la segunda oportunidad, nuestro querido dirigente Tony Peña, por no querer menospreciar a un jugador estrella del equipo Indios de Cleveland, no le ordenó tocar con corredores en primera y segunda, y éste bateó para doble jugada. Ahí se decidió ese partido contra el equipo más poderoso, al cual ya le habíamos ganado en la primera ronda.
A mi entender, este ha sido el equipo con mayores estelares que hemos conformado y sin embargo, en el Clásico anterior, con jugadores de menos cartel, logramos ser campeones invictos. Esto demuestra, que cuando el contrario tiene un buen lanzador, éste eclipsa a los contrarios. Para muestra un botón: Si a Colombia, un equipo sin luminarias, pero con dos lanzadores extraordinarios, su lanzador no hubiese tenido el conteo máximo de lanzamientos en 60, de seguro le hubieran ganado a un equipo estadounidense llenos de estelares y con todo eso, lucharon hasta perder en entradas extraordinarias. Ese mismo Colombia, nos hizo sudar la gota gorda hasta entradas extras, en donde con las reglas de muerte súbita, pudimos remontar y ganarles a este equipo que demostró gallardía y sobre todo agallas.
En este Clásico hubo muchas sorpresas, un equipo Israelí, prácticamente desconocido, ganó cuatro juegos consecutivos. Holanda, equipo que debió denominarse Curazao o Aruba, eliminó a la otrora potencia Cuba, para caer ante el Japón, quien a su vez sucumbió ante los EE.UU. y con ello, sobrevino la confrontación con Puerto Rico, un equipo que estaba invicto en siete juegos y se desplomó ante un excelente lanzador, que irónicamente era de madre puertorriqueña, pero que desde un inicio decidió jugar con los yanquis.

Este Clásico demostró que los nombres de los jugadores por muy excepcionales que sean, de por si, no ganan los partidos. Deben estar acoplados y sobre todo, esforzarse en cada partido como si fuera el último. Para el 2021, esta lección debe recordarse para de nuevo no sobrestimarnos y tener que soportar otra amarga derrota.