Una autoridad que olvida lo que tiene que hacer

Marien Aristy Capitan

La última semana ha sido dolorosa. Hemos sido testigos obligados de una sinrazón que bien podría protagonizar cualquier fábula: nada parece real, de tan absurdo, hasta que recordamos dónde estamos. ¡Oh, República Dominicana, quién te viera!

La muerte de Franchesca Lugo Miranda a mano de tres rasos policiales y un exoficial del Ejército -que salieron a robar un carro por encargo- sacudió a la sociedad. Nada encajaba. Policías robando y matando. Gente que debe defendernos actuando contra quienes debe proteger. La Iglesia en manos del Diablo.

Pero ahí no queda la cosa. Mientras la sociedad se indignaba el procurador Francisco Domínguez Brito llamaba a los miembros del Ministerio Público a que actúe… ¡pero para que no haya máquinas tragamonedas ilegales en el país! ¿Dónde vive este señor?, nos preguntamos todos.

Seguro que ha de vivir en el mismo lugar que Gustavo Montalvo y el presidente de la República, Danilo Medina, quienes por momentos también se pierden en lo más claro: ¿cómo a Montalvo, por ejemplo, se le ocurre quejarse de que las telefónicas no cumplen con la ley? ¿Y para eso no está el Indotel? ¿Por qué el Gobierno no toma medidas contra las empresas que violen la ley?

Por otro lado, el presidente envía una emotiva carta a la familia de Franchesca, diciendo que está consternado por su inesperada partida y que confía, con la ayuda de Dios, en lograr que la violencia sea desarraigada del país. Al hacerlo, olvida algo fundamental: su papel no es confiar en que eso sucederá, sino conseguirlo. ¿Acaso no es él que debe velar porque todo esté bien? Solo pregunto…