Una bocina en el Vaticano

Quiero decirle desde aquí a la Bocina que tiene su asiento en el Vaticano que si hubiera sabido antes que mis críticas al Gobierno le molestan tanto me hubiera esforzado en ser más ríspido y urticante, pues sus ridículas y ponzoñosas cartas son la mejor demostración de que estoy del lado correcto. Y como me prometí a mí mismo que no desperdiciaría tiempo ni espacio de esta columna para responder las insidias de quien hace tiempo debió de estar bajo la supervisión y el cuidado de un buen siquiatra, solo me resta sugerirle al susodicho, de cuyo nombre no es necesario acordarse, que tenga siempre a mano una buena cantidad de ansiolíticos pues no tengo ninguna intención de dejar de criticar lo que crea que tengo que criticarle a este gobierno, mucho menos ahora que tengo el mejor de los estímulos: su trasnochada intolerancia.
Otro populista.- A propósito de conmemorarse, el pasado martes, el Día Mundial del Agua, la CAASD publicó en este diario un anuncio exhortando a la población a ahorrar el líquido, una recomendación oportuna y pertinente dada la necesidad imperiosa de preservar ese recurso y, sobre todo, de no desperdiciarlo. Pero como los políticos son los únicos animales de la fauna terrícola que desbaratan con los pies lo que acaban de hacer, a veces con gran esfuerzo, con las manos, ese mismo día el arquitecto Alejandro Montás, director de esa corporación, le dio luz verde a la instalación de las piscinas populares que con motivo de la Semana Santa se instalan en los barrios, con el argumento de que la producción de agua está estable. Y lo dijo ante los mismos periodistas a los que minutos después les reiteró lo que viene cantaleteando desde hace meses: que la ciudadanía debe hacer un uso racional del agua, que el país lleva más de tres años de sequía, que se requieren más presas, etcétera etcétera, etcétera. ¿Y entonces?