Una brida para dos mulos

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
Un equipo de técnicos de la televisión española ha filmado un amplio reportaje acerca de la vida en las ciudades haitianas de hoy.  Los periodistas y camarógrafos que realizaron el trabajo  entrevistaron sacerdotes católicos, políticos de varios partidos, sociólogos, artistas y poetas. 

Hicieron tomas en las calles, grabaron expresiones del hombre común, opiniones de escritores, declaraciones de funcionarios de los organismos internacionales y, como es de rigor, de las autoridades en ejercicio.  No falto en este magnifico reportaje la nota colorista: bailes rituales de voudu, organizados alalimón por coreógrafos y sacerdotisas.

La República Dominicana es el único país de América que tiene fronteras con Haití.  Todo cuanto decidan los organismos internacionales, sea la ONU o la OEA, en conexión con Haití, afectará de modo inmediato al vecino singular: la R.D.  No es ese el caso de las demás naciones hispanoamericanas.  La “singularidad” de dicha frontera con Haití – un país deforestado, sin capa vegetal, sin instituciones estables, abatido por el desempleo y la insalubridad -, nos coloca en una situación excepcional.  Tanto, que la RD debería ser “consultada” por la OEA cada vez que la comunidad internacional decida intervenir en los asuntos internos de Haití.

En el reportaje de la televisión española aparecen militares explicando el alcance de su “intervención humanitaria”.  Esos militares tienen limites precisos en su acción, pues son comisionados de una “entidad multilateral”.  Ahora bien, las cancillerías de cada uno de los países participantes promueven intereses, políticos y económicos, de diversa índole.  Esos factores también juegan su papel en Haití.

La mayor parte de los migrantes haitianos es pobre, carece de educación superior y no tiene buena salud.  En los Estados Unidos no hay interés en recibir emigrantes sin dinero, sin formación laboral y que, además, podrían transmitir enfermedades infecciosas a los ciudadanos de la Unión.   Francia y Canadá sostienen parecidos puntos de vista hoy por hoy.  La única diferencia es que, en el pasado, ambos países han admitido como residentes a profesionales y técnicos de habla francesa, oriundos de Haití, de Martinica, de Guadalupe.  Para aquellas naciones es preferible que los emigrantes de las Antillas se queden  en las islas de las que proceden.  Cuestión menor es considerar que una de estas islas esta dividida en dos estados diferentes, donde se hablan dos lenguas distintas, cuyas sociedades tienen usos y costumbres divergentes.

El desorden reinante en Haití es visible en todo momento a lo largo del reportaje:  la policía es insuficiente para mantener el orden, la economía no puede ofrecer empleo a una población creciente, los delincuentes armados imponen sus caprichos en Cité Soleil.  No es de extrañar que muchos haitianos emigren hacia el país vecino.  Si las emigraciones de campesinos dominicanos a las ciudades dominicanas crean problemas sociales y económicos, es lógico pensar que las emigraciones de haitianos a las ciudades de la RD podrían crearlos tambien.

Frank Etienne, pintor y escritor haitiano, nos dice que Haití no es una nación, que entre los haitianos no existe  un proyecto colectivo de vida común, algo que todos quieran y que de sentido a la acción política.  Etienne describe su país con adjetivos contrapuestos: primitivo y tierno, dulce y agresivo, hermoso y desolado; una sociedad estancada que sufre la tragedia resultante de dos siglos de anarquía.  Canta el fracaso histórico de su pueblo, el despilfarro de vidas, las actitudes sociales autodestructivas.

El mensaje final del reportaje es que un país así debe ser intervenido por la comunidad internacional; que cualquier cosa que se haga allí, por torpe y limitada que sea, es mejor que nada.  Las iniciativas multilaterales requieren de un Primer Ministro que conozca la manera de operar con los diplomáticos, en EUA, en la ONU, en la OEA.  Gerard Latortue es el personaje indicado, aunque no haya vivido en Haití, aunque no conozca las intimidades de la vida política en su país de origen.

Todo esto quiere decir que serán dos los países intervenidos; los dos lados de la frontera quedarán bajo vigilancia internacional semejante.  Los políticos desordenadores, promotores del caos institucional, que fomentan la “ingobernabilidad”, sea en Haití o en Santo Domingo, trabajan- con poca consciencia de ello –  para conducirnos a un régimen de fideicomiso.  Esos mulos mañosos de las Antillas tal vez no sepan que están en trance de ser “domesticados”…con los recursos más dolorosos y humillantes.