Una cara feliz para el presidente Trump

Noe
No podemos tener control sobre lo que ocurre, pero si tenemos autoridad para escoger el modo en que respondemos a ello. Tenemos poder para elegir ser felices con “lo que es”, o amargarnos porque no es lo que deseamos. Charles Chaplin dijo: “Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar.”
 
Los rostros reflejan el interior de las personas. En hebreo la palabra panim que significa “rostro” tiene la misma raíz que la palabra pnim que se traduce como “interior”. Cuando pensamos en alguien feliz, la primera asociación que hacemos es una cara sonriente. El rostro ensanchado por una amplia sonrisa indica la vivencia de una expansión interior.
 
El ex-futbolista y entrenador uruguayo Alfredo Arias dijo que la sonrisa es el orgasmo del rostro, indicando que es el climax de la felicidad. El happy face o smiley, una representación de una cara redonda y amarilla con dos juguetones ojos y una amplia sonrisa, fue creado por Harvey Ball en 1963 para una campaña de la aseguradora State Mutual Life Insurances cuando se fusionó con otra aseguradora, Guarentee Mutual Company. La unión generó una crisis empresarial, pues los trabajadores creyeron que ocurrirían despidos masivos e inestabilidad financiera.
 
A propósito de las pasadas elecciones en EEUU, recordé el valor que tuvo la “campaña de amistad” creada por la compañía aseguradora, para contrarrestar la mala imagen y evitar que la productividad les bajara. La propuesta de la compaña consistía en que todos debían sonreír todo el tiempo, sin importar lo que ocurriera. La carita feliz que el diseñador Harvey Ball creó en diez minutos, generó un clima de colaboración y empatía en todos, de un modo tan impactante que en poco tiempo se transformó en un fenómeno mundial, transformándose en el símbolo de los ideales de amor y paz desde la década de los 70´s hasta hoy día.
 
Por todos es sabido que la elección del señor Trump ha generado mucho descontento. ¿Qué sentido tiene disgustarse con la realidad? La felicidad genera amplitud y el descontento, estrechez. En hebreo, las palabras “sufrimiento” tzaar y “estrechez” tzarut tienen la misma raíz. Una persona que sufre se siente estrecha.
 
Gracias a la maravillosa maestra de historia que tuve en el bachillerato, Mercedes Clark, tengo fascinación por los eventos pasados. Cuando Vespasiano fue nombrado por el senado de Roma comandante de las tropas enviadas para luchar en Jerusalén, cuentan las crónicas que luego de tres años de sitiar la ciudad llegó un emisario, para transmitirle la noticia de que el César había muerto, y él sería el nuevo emperador (año 69). En el momento de la noticia, Vespasiano se ponía los zapatos y tenía un pie calzado y el otro no.
 
Entonces, no pudo ni calzarse el pie descalzo ni sacarse el zapato que ya tenía puesto. Al enterarse del contratiempo, Rabí Yojanán ben Zakai le explicó que aquello era resultado de la buena nueva que había escuchado, porque “una buena noticia engorda los huesos”, y le aconsejó una solución: hacer comparecer delante de él a un hombre al que odiase para que sus huesos se encogieran y pudiera completar la tarea. El fundamento de esta recomendación se encuentra en un versículo que dice: “un sentimiento depresivo seca los huesos”.
 
El judaismo explica que una persona herida por otra, puede caer en la tristeza, pero si canaliza la fuerza del sufrimiento hacia la programación de una venganza, no se deprime. Esto no debe interpretarse como un estimulo a la venganza. Lo que explica es el mecanismo emocional detrás del sufrimiento. El dolor tiende a oprimir la voluntad del individuo, y paralizarlo hasta la depresión, pero si la persona responde con una acción (sin importar cuál), convierte el dolor mismo en un factor vigorizante que lo mantiene conectado con la vida. La depresión es un movimiento hacia la muerte.
 
Aunque parezca difícil de internalizar, el dolor y la felicidad no son mutuamente excluyentes. Cuando Abraham ató a su hijo Isaac al altar, para ofrecérselo como cordero a Dios, estiró su mano para tomar el cuchillo y las lágrimas brotaron de sus ojos por el sacrificio que implicaba entregarle su hijo amado, sin embargo, su corazón estaba contento al cumplir la voluntad de su Creador.
 
Toda felicidad va acompañada de un dolor, porque la felicidad se siente al satisfacer una carencia y la carencia es dolorosa. ¿Te parece difícil? En realidad no lo es. Los que aman a Dios “tienen felicidad en el sufrimiento”, pues aunque no comprendan a cabalidad el sentido encerrado en la difícil suerte que viven, saben que existe un propósito de bien en todo lo que existe.
 
 Cada vez que pensamos que algo debió ser de un modo diferente a lo que es, reducimos a Dios a un tamaño humano, ¡el Creador no comete errores! Donald Trump no es una equivocación. El hecho de que lograra ser presidente de los Estados Unidos es parte de los designios de Dios, y de los planes que el Señor tiene con él. El reformador escocés Samuel Smiles decía: “La vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos guste”. ¿Qué tal si puedes poner una cara feliz al presidente Trump? ¡Sonríe y confía! Dios es Grande.