Una comunidad de futuro compartido

Una comunidad de futuro compartido

Eduardo Klinger Pevida

Desde Beijing se promueve cultivar un nuevo campo de cooperación y compromiso con la ASEAN, África, el mundo árabe, América Latina y el Caribe y con los países insulares del Pacifico. La idea china de promover una comunidad de futuro compartido resulta cada vez más apropiada para un creciente grupo de actores internacionales. Una propuesta de comunidad basada en el respeto de todos, la cooperación inclusiva, y coexistencia pacífica en un escenario sin predominio de intereses individuales y supremacistas, donde no se reclame sumisión ni se pretendan imposiciones, necesariamente tiene que resultar atractiva. Claramente, en el Libro Blanco sobre la Construcción de una Comunidad de Futuro Compartido se reclama un esfuerzo unitario para edificar un “mundo abierto, inclusivo, limpio y bello que disfrute de paz duradera, seguridad universal y prosperidad común, haciendo realidad el anhelo de las personas de una vida mejor”. Visión de un nuevo esquema de relaciones internacionales en el que no se tratan de imponer “normas y valores” unilaterales que encubren predominios y privilegios.

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Para Wang Yi, canciller chino, el “futuro compartido y los intereses estrechamente vinculados son la mayor realidad del mundo actual, y la solidaridad y la cooperación de ganancias compartidas son el camino ineludible para responder a los desafíos» y recuerda que para Xi Jinping forjar el futuro debe ser responsabilidad de todos con participación de toda la humanidad: esencia del multilateralismo que debe prevalecer en nuestro mundo. El mundo de hoy apunta a la multipolaridad con justicia social, desarrollo inclusivo y equitativo, requisitos imprescindibles para un verdadero respeto a derechos humanos integrales sin sesgos geopolíticos. El desarrollo, es requisito “sine qua nom” para la paz mundial; sin desarrollo sostenible para todos no habrá espacio para la armonía global.

Obsérvese como tanto en las propuestas de Xi Jinping, cómo en sus argumentos, no hay nada que conlleve cuestionamientos y descalificaciones a sistemas políticos y económicos de otras naciones por mucho que ninguno es, en lo absoluto, perfecto. El esquema chino deja la responsabilidad de la solución de las contrariedades e imperfecciones ajenas a cada país. Descarta injerencias en asuntos internos y proponer modelos. El horizonte a construir, con asistencia y participación universal, es un modelo global de “buen vivir” donde todas las naciones, dentro de sus prerrogativas, realidades nacionales y soberanías aporten al desarrollo de todos con alcance inclusivo y potenciando las capacidades propias.

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