Una fecha nefasta

El 18 de noviembre es una fecha nefasta para recordar;  para que no se olvide un acontecimiento que debería ser conocido por los amantes de la libertad, la democracia y la justicia social.

En esa fecha, hace justamente 50 años, fueron asesinados en la Hacienda María, de San Cristóbal, seis de los principales héroes que ajusticiaron el 30 de mayo de 1961 a uno de los déspotas más crueles de la historia latinoamericana, llamado Rafael  Trujillo, que bien podría haber sido calificado como peor que Hitler.

Los prisioneros Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño, Roberto Pastoriza, Tunty Cáceres, Salvador Estrella Sahdalá y Modesto Díaz fueron trasladados de la cárcel de La Victoria a la Hacienda María, luego de una farsa montada por Ramfis Trujillo, hijo del tirano, para hacer creer que se fugaron en una furgoneta tras matar a tres policías.

Ramfis Trujillo personalmente ejecutó a los héroes,  uno por uno, junto a varios oficiales que eran sus íntimos amigos. Para hacer más doloroso el sufrimiento de las víctimas, las balas eran dirigidas a los pies, las piernas, los genitales, los brazos y los hombros, hasta que en la plenitud de la agonía les daban el tiro de gracia final. Los cadáveres jamás aparecieron, pero se cree que fueron lanzados al mar, para pasto de los tiburones.

Otros comprometidos con el complot contra Trujillo corrieron igual suerte: fueron torturados hasta lo indecible por el propio Ramfis y sus esbirros, a ninguno de los cuales se les hizo justicia. Como ocurre generalmente con los cobardes, al día siguiente Ramfis y su familia huían hacia el exilio, donde disfrutarían de los dineros robados al pueblo dominicano durante 31 años de opresión.

La conspiración contra Trujillo, que fue la última, estuvo estrechamente vinculada al horroroso secuestro y asesinato a palos de las hermanas Minerva, Patria y Teresa Mirabal y su chofer Rufino de la Cruz, tras el regreso de una prisión en Puerto Plata donde se encontraban dos de sus esposos: Manolo Tavárez y el autor de este artículo, pues el de Patria—Pedrito González—aún estaba en la Penitenciaría de La Victoria. Todos estaban acusados de conspirar contra Trujillo.

La muerte de las Mirabal fue el detonante. Jamás en la historia dominicana a dictador alguno se le había ocurrido asesinar mujeres, excepto al general Pedro Santana que ordenó fusilar a María Trinidad Sánchez, tía del prócer Francisco del Rosario Sánchez, héroe de la Independencia Nacional.

Se ha dicho que sin la tragedia del 25 de noviembre de 1960, en la que cayeron las hermanas Mirabal, quizás no habría habido un 30 de mayo, aunque muchos sospechaban que el sátrapa no moriría de otra manera.

Los titanes aparecieron. Muchos habían sido sus colaboradores, pero estaban cansados de los actos delincuenciales y de las barbaridades de Trujillo, y optaron por darle muerte. Y lo lograron, a base de un valor extraordinario y de un sacrificio sin límites que jamás debemos olvidar, para ilustración de las presentes y futuras generaciones.