Una historia a redescubrir

AMPARO CHANTADA
La cesión de Santo Domingo a Francia de 1795 a 1809 tuvo una consecuencia imprevisible, irreparable para el conocimiento científico de la Isla Española: la visita que no pudo realizar en ella, el primer geógrafo de los tiempos modernos, Alejandro de Humboldt, dejando la Isla fuera de su maravilloso recorrido en América. Política y Geopolítica.

Ese viaje de reconocimiento se consideró en Europa y para las ciencias en general, de igual importancia que el viaje de Colón y Las Crónicas Naturalistas de Oviedo.

Fue la primera aventura moderna en América, fue un real redescubrimiento de América, esta vez, sin evangelización, sin explotación. Si Oviedo lleno a Europa de mitos y fantasías sobre América, Humboldt contribuyó en su tiempo, a la desmitificación de América y a su conocimiento científico a pesar de un determinismo geográfico persistente, hasta fines de siglo XIX.

El siglo XVIII fue determinante para el futuro de las ciencias naturales y de la cartografía. Las ciencias naturales, con el botanista sueco Linneo y la geología con el francés Bufón permiten que los relatos del siglo XVIII pasen a ser “observaciones científicas”, los viajes se transformaron en misiones científicas. Sin embargo la competencia y la rivalidad entre las grandes potencias europeas no deja ninguna duda en cuanto al carácter básico de esas misiones: se trataba de la división del mundo y de las riquezas, en la dialéctica del proceso de acumulación de las potencias entre Francia, Inglaterra y España. Alemania no tenía posesiones coloniales en esa época y ni siquiera, Alejandro de Humboldt nace cerca del mar. Su vocación surge, después su graduación de ingeniero de minas, una herencia, un viaje a París, una amistad y todos esos acontecimientos, lo inducen a pedir al Rey de España, Carlos IV, un pasaporte para las tierras americanas, cuando lo más difícil, era obtener ese privilegio.

El Rey de España necesitaba otro tipo de informe de sus tierras, tan anheladas por las otras potencias coloniales. A pesar de tener un acompañante francés, su amigo Bonpland, Humboldt obtiene un pasaporte para las tierras americanas, posesiones de España. El Tratado de Basilea hizo, que de 1795 a 1809, Santo Domingo pase a Francia y que la Isla sea reunificada a favor de Francia, por esa razón, Humboldt y Bonpland no pasaran por la Española, si a Cuba.

Desgraciadamente, esta es una de las consecuencias del Tratado de Basilea, un poco desconocida, pero sumamente grave para el conocimiento científico de La Española pues se tomara algunos años más para eso. Humboldt no solo describió el paisaje, no solo observo, sino que investigo la realidad social. A su paso por Las Canarias, desde el 19 al 25 de junio de 1799, se interesó por la suerte de los Guanchos, los primeros habitantes de las Islas Afortunadas, víctimas de un genocidio que se conocía solamente en círculos muy restringidos. De ahí, llegó directamente a Cumana, en Venezuela, el 16 de julio de 1799. La admiración por la naturaleza y por la belleza de la raza de los lugareños, que sintió, le hace difícil encontrar las palabras para expresar esos sentimientos, recordándonos, el topoi común aplicado a América: la fabulosa naturaleza, el clima y la belleza de la raza. Durante 4 meses visita la Península de Araya y las misiones de los indios Chaymas, gobernados por misioneros españoles dando informaciones de geografía física, humana, económica, climatología y geología.

Humboldt llegó a Caracas a finales de noviembre de 1799 para iniciar exploraciones que lo llevaran hasta la Amazona. Pasara seis años viajando en toda América, recorrerá más de 15,000 Km. en tierras inhospitalarias, recogiendo plantas desconocidas para el, anotando datos de todo lo que observaba, de todo lo que le sorprendía. Subió por primera vez los picos de la Cordillera Andina, opino sobre el lugar donde se debía construir el canal de Panamá o Nicaragua, del cual no se tenía entonces idea.

Cuando su viaje termina en 1804, pública treinta volúmenes, más de 1500 páginas sobre el continente. Sus libros provocaron un encanto, una curiosidad y un furor tal, en Europa por conocer esas tierras, que a partir de sus relatos, toda una ola de científicos europeos se fue a explorar el resto de América. Naturalistas, zoologistas, geólogos sobre todo. Con esas publicaciones, Humboldt rompió con la tradición de los geógrafos que le precedieron. Había nacido una nueva geografía, la Geografía General, de la Escuela Alemana.