Una jornada particular
Cuestionan el tratamiento de la prensa a la niñez

Una jornada particular <BR><STRONG>Cuestionan el tratamiento de la prensa a la niñez</STRONG>

POR GRACIELA AZCÁRATE
El derecho a la libertad de expresión siempre es importante para los profesionales de los medios de comunicación, pero deben sopesarla con otros derechos importantes, especialmente los derechos de la niñez a no sentir temor y no ser explotados.

Aidan White. Secretario General Federación Internacional de Periodistas.

“Una giornatta particolare» es el título de una película italiana de los años setenta.  Marcello Mastroiani y Sofía Loren, desconocidos en sus papeles, encarnaban «una pareja particular» en la Italia fascista de 1930.

«La jornada particular» era un domingo de fiesta, alrededor de Benito Musolini, Il Duce  y el fascio en el gobierno.

Sofía Loren encarnaba una ama de casa sometida, envejecida prematuramente, cargada de hijos y con un marido, jefe de una brigada fascista, autoritario y violento. Mastroiani interpretaba a un empleado público homosexual, en su último domingo, en Roma, antes de ser deportado a la isla de Lipari, precisamente por sus preferencias sexuales.

Película que recordé cuando fui invitada a participar en un taller propiciado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)  y su Programa  Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC)sobre el tratamiento de la información periodística de niñez y adolescencia.

Desde el viernes 9 hasta el domingo 11 de junio, sesenta periodistas de distintos medios,  televisivos, radiales, de prensa escrita y digital se sentaron a pensar e intercambiar ideas acerca de cómo encarar y abordar la información, de cualquier índole referente a la infancia y adolescencia dominicana.

La magnitud del trabajo infantil en República Dominicana, el diagnóstico general sobre la situación de la infancia, las violaciones frecuentes y admitidas en el manejo de la información en los medios, el estado general de la educación en el país y sus repercusiones en el tratamiento del lenguaje, los temas abordados en televisión de forma sensacionalista  y violenta fueron algunos de los temas debatidos.

Los tres días del taller, los temas tratados, las preguntas de los participantes, las respuestas de los técnicos del programa, la dinámica entre todos, los debates bizantinos y los monólogos narcisistas me hicieron recordar aquella película italiana que retrataba una sociedad violenta y autoritaria, que discrimina y silencia a los más vulnerables y débiles, precisamente por ser diferentes o por la tradicional indefensión.

Me recordó el fascismo cotidiano en que vivimos y la violencia continua del lenguaje, con el que nos bombardean y anestesian desde la radio y la televisión.

En la tarde del sábado,  se trasmitió un video producido por la periodista Judith Leclerc para un programa  titulado «Al rojo vivo» de Telemundo  que desató múltiples reacciones.

Los representantes de UNICEF se retiraron como señal de protesta, el oficial de comunicaciones de IPEC expresó su disconformidad con el corte sensacionalista y vejatorio del video y reclamó a CONANI, como organismo rector del sistema de protección de niñez y adolescencia que tomara cartas en el asunto. Como responsable de comunicación de esa institución iba a responder cuando una salva de aplausos de los compañeros periodistas me cerró  la boca y me dejó atónita.

Atónita, porque precisamente ese video ofensivo y vulgar era el más acabado ejemplo de lo que no se puede ni debe hacer en televisión para supuestamente ayudar a la niñez y violatorio flagrante del Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas y Adolescentes. Ley 136-03.

Como Marguerite Yourcenar que decía que uno no se debe enojar cuando nos tiran un guante a la cara,  sino que debemos sentarnos a escribir del guante y de la acción de arrojarlo, por eso es que me siento a escribir esta crónica de «una jornada particular».

Patricia García de UNICEF explicó brevemente las fallas y carencias del periodismo dominicano en materia de infancia; Fausto Rosario Adames propuso desarrollar otros géneros literarios como la crónica, el perfil o la historia de vida para superar la indigencia periodística y la falta de creatividad en estos temas;  Altagracia Salazar con su habitual gracejo puso el dedo en la llaga e hizo una radiografía descarnada del periodismo dominicano en materia de   niñez y con humor pidió una piedra para darle sin compasión al compañero William Rodríguez de SIN y sus posiciones sexistas. En el cierre del taller, el diagnóstico y la evaluación convocó voluntades, compromisos y propuestas para «Potenciar la sensibilidad y el compromiso ético de las y los periodistas, absteniéndose de usar calificativos que refuercen estereotipos, estigmatizaciones, generalizaciones, presunciones erróneas o presentaciones sensacionalistas, cuando aborden temas de la niñez y adolescencia. Una información sobria y balanceada debe ser la pauta a la hora de brindar cobertura a los hechos y los acontecimientos en que se ven involucrados la niñez y la adolescencia» dice  el  Código de ética para la cobertura informativa de temas sobre niñez y adolescencia del Colegio de Periodistas de Nicaragua».

Cita que tomo de esa publicación nicaragüense y que integraba una rica mesa  de publicaciones puesta a disposición de todos los periodistas allí presentes por OIT y el IPEC. Adalberto Grullón y Octavio Rivera, responsables de llevar a cabo el taller distribuyeron material informativo, publicaciones, libros, catálogos que encerraban el secreto y la savia  para hacer un periodismo con responsabilidad ética y sensibilidad social.

Laetitia Dumas y Dabeida Agramonte,  responsables del programa en el país, cerraron el taller con la esperanza de que el diagnóstico surgido del mismo sea una promesa firme para ejercer un periodismo respetuoso y decente en beneficio de la infancia y adolescencia.

El regreso en el bus, desde Constanza hasta Santo Domingo,  merece un párrafo aparte porque durante tres horas y media los que regresamos en ese medio parecíamos integrantes de un colectivo esquizofrénico y autista. Sin pausa se desarrolló un festival de conversaciones a los gritos, cuentos subidos de tono, burlas sobre la supuesta rigurosidad de CONANI en la guarda y protección de nuestra niñez, todo dicho con un lenguaje violento, sexista y autoritario.

Como si aquella «jornada particular» de neto corte fascista de hace setenta años se reprodujera como un hongo venenoso y contaminante,  algunas periodistas, todas mujeres de El Listín, Teleantillas,  Telecentro y hasta  la representante de la Secretaría de la Mujer me hicieron pensar si yo estaba oyendo bien o alucinaba.   La misma periodista de «Al rojo vivo» demostró que no había entendido nada del taller y  con arrogancia desafió e hizo alarde del sensacionalismo de su video. La gota que desbordó la copa fue un cuento abominable contado por una mujer periodista donde lisa y llanamente hizo la apología del incesto practicado por un abuelo a su nieto adolescente.

Un silencio profundo se deslizó desde el frente del bus y ganó a Felipe Mora, Grisbel Medina, Lourdes Rodríguez, Yokaira Zapete, Olivo de León, Felix Parra y la que escribe esta crónica.

Me quedé muda y como Altagracia Salazar busqué una piedra para derribar ese  concierto de voces, violento y estúpido.

Tal vez la pedrada más contundente sea esta crónica y el intento de escribir un periodismo distinto como nos propuso Fausto Rosario Adames.

 Revivir nuestra infancia, hacer memoria del pasado  y como un David bíblico a pesar de la pequeñez y la vulnerabilidad derribar al Goliat de la violencia, el autoritarismo y la impunidad.

A pura pedrada de cuentos, de crónicas y de simples historias de vida.

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