Una legítima preocupación

La comunicación móvil da poder al usuario acercándolo funcionalmente al resto de la sociedad; y así vista lo que procede lamentar es que su magia y ventajas de acceso a conexiones estén tan disponibles también para lo negativo y que a las autoridades les resulte difícil combatir a quienes la usan para el crimen. Así está ocurriendo y por ello se plantea la urgencia de establecer mecanismos de rastreo para seguirles los pasos a los transgresores. La preocupación al efecto está en el seno de la Cámara de Diputados que estudia un proyecto de ley que llenaría el vacío.
Migrar de cuentas telefónicas sin dejar huellas en laberintos inalámbricos es hoy una posibilidad sin riesgos para quienes opten por colocar a la electrónica de su lado al delinquir. Celulares entran y salen del país subrepticiamente, siendo difícil su control; y no existen apropiados instrumentos legales para cerrar la ancha brecha que le está dejando espacio a lo delictuoso. El crimen es estimulado por la facilidad para situar en nuevo estatus a móviles robados o importados clandestinamente para operarlos sin que pueda identificarse a los portadores. Los asaltantes codician tan precioso objeto;el país vive agresiones repetidamiente por la decisión de robarlo aunque haya que matar para luego escapar sin que se logre un hilo conductor que permita capturar a los autores.

Play ball de alto costo social

“No solo de pan vive el hombre”: necesita agua, entre otras cosas más . y no pagarla cuando llega potabilizada y abundante es socialmente negativo. Es un servicio que debe llegar a todo el mundo porque todo el mundo lo pague. No es lo que ocurre; es el suministro esencial más evadido. Entre los morosos se cita al estadio Cibao: 30 millones y 10 años sin pagar, deuda reclamada al equipo sede, exitoso por los cuatro costados.

El beisbol merece subsidios y auspicios pero habría que suponer que ya dispone de los que más proceden. Las instituciones deportivas, y las demás del país, deben ser parte del otro juego nacional: el de las relaciones armoniosas y constructivas para la sociedad. La comunidad de Santiago agradecería que a Coraasan (su viejo acueducto autónomo) no le falte dinero para poder satisfacer colectivamente las necesidades.