Una montaña de mujer

Ella es lo que en lenguaje popular llamaríamos una mujer del diablo, o quizás mejor una diabla a caballo. Al entrevistarla el jueves nos dijo que su apellido Malmberg significaba algo así como montaña de hierro, lo que en buen dominicano denominaríamos como una montaña de mujer.

La primera vez que la valoramos fue en la ocasión en que acompañaba a un funcionario del Banco Mundial para una entrevista en Uno Más Uno. Participó pero con las riendas tensas, como temerosa de herir susceptibilidades, pero dejando traslucir una clarividencia excepcional que luego mostró un puñado de veces en diferentes escenarios. Sin embargo, es de esas personalidades que penetran tanto que dejan la impresión de haber estado presentes durante toda la vida.

Christina Malmberg es una economista sueca que ha representado el Banco Mundial en el país durante cuatro años. Por esas circunstancias se le debería presumir circunspecta y formal, pero es un derroche de simpatía, una sinfonía humana que se desparrama y estalla en carcajadas, sin caer en la superficialidad ni abandonar el sentido de responsabilidad que le caracteriza. Y sobre todo exhibiendo el compromiso personal que impregna a su trabajo, razón por la cual se gana el corazón de la gente.

No se quedó en los espacios tradicionales de las clases gobernantes y la gente de poder. Por el contrario, pareció disfrutar muy especialmente el contacto con las organizaciones sociales, a las que dio apoyo, incluyendo la ACOPRO de Sabana Perdida donde hace 4 años debutó con un sancocho de doña Quisqueya Santos, “con un caldo que revivía muertos”.

Christina es tan expresiva como las buenas actrices,  proclamando que el subsidio eléctrico no es un subsidio sino un hoyo, que el hoyo de las quiebras financieras había que cobrarlo, que la impunidad es enemiga del progreso, por lo que urge trancar algunos peces gordos, porque para hacer tortillas hay que romper huevos.

Esta semana, ya en la recta final de su despedida, logramos una entrevista con ella en Teleantillas, en la que además de exhibir su sentido del humor y su valentía, aunque calculando sus palabras para no ofender, se empeñó en reconocer a los dominicanos y dominicanas y animarlos a seguir adelante porque queda mucho por hacer y un largo camino por recorrer, ya que llevar el país hacia delante no es una corrida de cien metros, sino un maratón. Eso sí nos recomienda definir prioridades y entonces sólo tomar acciones en concordancia con las áreas previamente identificadas.

En su discurso de despedida en un reciente cóctel, la Malmberg sacó una bola de cristal y vio en nuestro futuro una masiva inversión en educación, salud y agua potable, que se declara la guerra a quienes no pagan la electricidad y evaden impuestos y que se ponen en vigencia las leyes de libre acceso a la información pública y especialmente la ley sobre compras, contrataciones y concesiones de obras del Estado.  Christina Malmberg se va en estos días, pero será recordada por mucho tiempo como una excepcional funcionaria internacional, por los que trabajaron junto a ella y por cuantos la trataron. Ella lamenta tener que irse cuando finalmente ha aprendido a decir perico ripiao.

Y no conforme con lo que ha hecho aquí, promete estar atenta en Washington para ver si en algo puede ayudarnos desde su nueva posición en la dirección de la unidad de desarrollo sostenible.

Al rendirle reconocimiento, a Christina le auguramos  que los buenos vientos del pueblo siempre la empujen por las regiones de la solidaridad, que es la más auténtica expresión del amor y la amistad.