Una mutación triple

Lector.

En el año 2002 escribí un ensayo titulado: “Lectores y escritores”. Cometí entonces el error de no mencionar los editores, intermediarios encargados de conectar a los escritores con sus posibles lectores. Los editores, como es de esperar, le toman el pulso al mercado antes de hacerse cargo de la publicación de un libro inédito. Editores hay de todas clases: de izquierda y de derecha, conservadores y atrevidos; unos prefieren temas políticos, otros se inclinan por la pornografía o las recomendaciones para “ser feliz en el matrimonio” o “tener éxito en los negocios”. Los editores manifiestan abiertamente preferencias que no siempre agradan a los escritores.

Los buenos escritores tienen la virtud de “peinarnos!” el cerebro; ordenan hacia el lóbulo izquierdo los asuntos económicos de la vida colectiva; del lado derecho, arreglan una trenza con los problemas políticos y, al centro, preparan un moño grande con los “pelos antropológicos” elementales. Todos los escritores valiosos, sean “de ficción” o de reflexión, producen el encanto o la magia de aclararnos la percepción del mundo. Los poetas componen cuadros o escenarios, los novelistas nos hacen subir a un tren en marcha; los pensadores aspiran a “disecar” los diversos momentos de la existencia humana. Pero todos nos entregan una visión enriquecida de la historia, de la sociedad, de las personas concretas.

Es una lástima que leer sea hoy una ocupación declinante, en camino de extinción. La gente lee para informarse de lo que ocurre en torno; lee periódicos, boletines, pizarras electrónicas, contratos de alquiler, etc. Pero cada día se lee menos por el mero placer de leer. Hay personas que leen en los aeropuertos y salas de espera con el propósito de “matar el tiempo”, quizás para evitar el encuentro con el prójimo. Para leer con entusiasmo, gusto y provecho, se necesitan verdaderos escritores.

Y al revés, para que existan auténticos escritores es preciso que haya lectores que los disfruten. En nuestra época han disminuido los lectores y escasean los escritores. Desde luego, se publican estadísticas que apuntan en dirección contraria. El número de libros publicados es una cifra apabullante; y las ventas de ciertas obras populares son también extraordinarias. ¿Se han transformado los lectores, los escritores y, además, los editores?