Una nueva Constitución

La República Dominicana estrena desde hoy una nueva Constitución que según sus defensores está concebida bajo criterios de Estado moderno y que según sus detractores deja mucho que desear. Sea como fuere, su vigencia y efecto dependerá siempre del  respeto y la reverencia que gobernantes y gobernados manifiesten ante sus normas y disposiciones.

La aspiración ha sido que tengamos una Constitución de consenso, basada en una clara definición de lo que pretendamos proyectar como Estado. En la realidad, las discrepancias por su contenido indica que el texto resultante no logra satisfacer esa aspiración. Esto deja intacta la posibilidad de que alguna vez otros intenten modificar nuevamente el texto que estrenamos a partir de esta fecha para acomodarlo, como en otros tiempos,  a apetitos grupales, que no nacionales.

 Ahora debemos apresurar  modificación de todas las leyes que deban ser modificadas para que estén a tono con la nueva Constitución, entre las que hay que citar las leyes orgánicas de las Secretarías de Estado para que asuman la clasificación de Ministerio. Siendo la Constitución un marco normativo general, ninguna ley adjetiva debe apartarse de sus disposiciones. A partir de hoy veremos cuánto puede influir este marco en nuestro porvenir de Estado.

Natalicio de Juan Pablo Duarte

Un día como hoy, hace 197 años, nació el hombre que encausaría su vida en pos de un anhelo independentista para su país, dominado durante 22 años por el ejército haitiano. A estas alturas, todavía estamos cosechando frutos de la hazaña que él encabezara a través de la sociedad secreta La Trinitaria. Lástima que los malos dominicanos de entonces le traicionaran, desterraran y precipitaran su muerte.

A tiempo todavía estamos de pagar a Duarte un tributo por su obra irrepetible para dotarnos de una nacionalidad auténtica y propia. No con flores al pie de su busto; no con loas ni discursos; no con  poses hipócritas nacidas del peor histrionismo. Honrar a Duarte es recoger su ejemplo y multiplicarlo mediante la prédica en las escuelas y en la familia. Honrarle es imitar su vida llevando los principios que le adornaban. Honrar a Duarte es trabajar por ser cada vez más independientes en todos los sentidos.