¿Una nueva Ley de Aduanas?, u orientación y competitividad

Dirección General de Aduanas (DGA). Archivo.
Dirección General de Aduanas (DGA). Archivo.

La simplicidad con que debe transcurrir el despacho aduanal es consustancial al ordenamiento institucional que lo sustente, así como a las capacidades y estímulos de las mujeres y hombres que lo gestionen en cada eslabón de la cadena logística de suministro. La fortaleza de los controles al comercio exterior no puede estar sustentada en trabas, ni dispersa en un mismo dispositivo o en varios.

Un proyecto de Ley con más de 430 artículos en su primera versión, o cercano a los 400 en versiones posteriores, luce como que no podría revelar facilitación sino complejidades.

El despacho aduanal es y debe seguir siendo un proceso lineal, que sustente en sí mismo la agilidad y la seguridad; que aporte un servicio de calidad en beneficio de la competitividad del país, y estimule el cumplimiento en todos los ámbitos. Las aduanas de hoy no pueden ser un obstáculo sino un estímulo para la inversión local y la extranjera.

Las recaudaciones provenientes de las aduanas, son vitales aún para la República Dominicana y seguirán siéndolo por los próximos años, a pesar de los impactos derivados de los acuerdos comerciales. Más del 20% de los ingresos del Estado provienen de los tributos aplicables al comercio exterior, incluyendo el ITBIS. Gestionar ese recaudo obliga a conjugar facilitación y seguridad.

Los procedimientos operativos que se apliquen deben propiciar la exactitud en la determinación y cobro de los tributos, el cumplimiento. Así que, sin obviar la fortaleza de los controles, los pasos deben ser sencillos. Como los del pago por Internet banking, o la declaración electrónica los siete días de la semana. O la determinación de las acciones de aforo mediante mecanismos de selectividad de la carga, de los sistemas de gestión de riesgos en pleno proceso de implementación.

Ese conjunto de cosas obliga a ser cuidadosos, a no asumir la tarea de una nueva ley sin contar con una visión integral y de futuro.

La República Dominicana ratificó el Convenio de Kioto Revisado, y ha sido sobre esa base que ha venido llevando a cabo su proceso de reforma aduanal. De modo que los elementos para seguir avanzando están dados y reforzados a la luz del Acuerdo de Facilitación de la Organización Mundial del Comercio aprobado a finales del año pasado.

Sin embargo, las aduanas se tornan complejas como consecuencia de las acciones humanas. El pago de impuestos, la subvaluación, la triangulación, el tráfico de ilícitos, el narcotráfico, el terrorismo, entre otros, suelen ser parte de la cotidianidad con la que deben lidiar.

Lo que plantea una “aduana integral” es como garantía de un manejo dinámico y competitivo del comercio transfronterizo.

Aunque siempre hay la posibilidad de estar mejor, está a la vista que la aduana dominicana no es la más atrasada en la región. Por el contrario, en términos tecnológicos, técnicos y operativos se la valora muy positivamente.

La actual administración de aduanas ha rechazado vehementemente que se toque la ley ahora. Lucen legítimos los argumentos, y válidas las preocupaciones que han exhibido los ejecutivos de la DGA, por cuanto se está arriesgando mucho a cambio de muy poco.

Como todas las aduanas del mundo, se plantean retos de magnitudes diversas. La clave radica en el acompañamiento decidido de todos los actores económicos. Los sectores productivos nacionales deberían ser cuidadosos al propiciar esquemas “garantistas” que pudieran desbordar la lucha en contra de los fraudes aduaneros, y que facilitan también la evasión de los tributos internos. La competitividad requiere luchar con determinación en contra de los ilícitos, como garantía de una competencia sana.

En conclusión, si el país necesitara construir una aduana nueva e integral”, el esfuerzo tendría que cambiar de rumbo, y es preferible preservar la estabilidad actual hasta que se logre comprender mejor lo que implicaría esa tarea.