Una política de libros

La Feria Nacional del Libro es un gran esfuerzo de promoción de la cultura a través de la lectura, principalmente. La circunstancia debe ser propicia para promover la utilidad del libro como un elemento de crecimiento personal, de movilidad social y desarrollo nacional. Es a través del conocimiento, contenido principalmente en los libros, que nuestros pueblos lograrán superar todas sus lacras y enrumbarse por el mejor camino.

Pero, a la vez, estas ferias deben servir para establecer una política nacional de promoción del uso del libro.

Las estadísticas nacionales son reveladoras de que el libro es ahora más que nunca un lujo en los hogares dominicanos, pero lo tenebroso de este caso es que se trata de un lujo prescindible frente a muchos otros artículos mucho menos provechosos.

El Estado está en la obligación de fomentar todo cuanto realmente contribuye a la difusión de los elementos imprescindibles para el sostenimiento y ampliación del conocimiento de la población, que es en definitiva la única garantía del sostenimiento de la producción, del crecimiento económico y de, finalmente, el mejoramiento de las condiciones de vida de todos.

Hace falta una política oficial de promoción del libro. Esa política debe encaminarse a que el libro pueda ser adquirido sin grandes sacrificios económicos para las grandes mayorías. Los libros no pueden seguir costando medio mes y hasta un mes de salario mínimo.

En esta Feria del Libro se ha visto que es posible llevar libros a la población a precios considerablemente reducidos y que permiten al grueso de la población, a la de escasos recursos que es la gran mayoría, adquirirlos.

Pero esto no debe ser una política de ferias, sino que debería ser una oportunidad que se ofrezca todos y cada uno de los días del año y de las horas del día.

Los medios de difusión de la lectura como los periódicos y los libros deben ser accesibles a las grandes mayorías, porque de lo contrario se está coartando uno de los fundamentales derechos humanos que es de la educación y la formación espiritual.

-II-

Leer es una costumbre que se inculca desde los primeros años. Los niños que ven a sus padres leer con frecuencia libros y periódicos, por lo regular los imitarán. Inculcar los hábitos de lectura también debe surgir desde la escuela, en los primeros años de la formación de los niños.

Una política de libros dirigida a proveer a los maestros de esos fundamentales instrumentos de desarrollo del intelecto debe ser tan importante para el Estado como el desarrollo de otros métodos.

En los últimos tiempos se ha puesto gran interés en el uso de la tecnología de las computadoras en el ámbito de los maestros, pero es innegable que estos instrumentos modernos son eficientes en la medida en que la formación intelectual de quienes los usan sea lo suficientemente sólida como para poderles arrancar parte del potencial.

Los maestros necesitan fuentes de información imprescindibles a la manera tradicional como son las bibliotecas públicas o privadas. El libro debe ser un compañero del maestro y debe dejar de ser un enorme sacrificio, como hasta ahora lo ha sido.

Este es un elemento que debemos corregir. El entusiasmo que despiertan estas Ferias de Libros es una muestra de que aún estamos a tiempo.