Una prostatectomía a Trujillo

REYNALDO R. ESPINAL
En el trabajo publicado por el periodista José Pimentel Muñoz en agosto del 2005 con el título “Abel González: Egregio y genial urólogo dominicano”, el prominente médico revela haber sugerido a Trujillo contactar los servicios profesionales del Dr. Puigvert, a raíz del fallecimiento del Dr. Marión, quien hasta su muerte acaecida a mediados de la década del 50, daba seguimiento médico al dictador, desde que en octubre de 1935 le había practicado tres intervenciones quirúrgicas. De ellas informaría el mismo dictador en revelaciones hechas a la prensa el 26 de Octubre de dicho año.

Aunque reacio a emitir opiniones clínicas sin previa consulta al paciente, dado que- conforme el mismo diría: “…nunca me ha gustado hablar de un caso sobre elementos puramente teóricos, pues creo- como los viejos médicos de cabecera- que hablando y examinando al paciente se obtiene siempre una información valiosísima”, el Dr. Puigvert revela- apoyado en los datos clínicos que le proporcionara el Dr. González- haber desestimado el diagnóstico según el cual debía practicarse a Trujillo una prostatectomía.

La opinión del Dr. Puigvert pareció convencer al Dr. González, quien pidió a este que si lo tenía a bien le entregara de la misma constancia escrita, opinión cuyo destinatario, como adelantamos en la primera entrega de esta serie, ignoraba en el momento el célebre urólogo. Como expresaría en sus memorias al respecto: “.Bien lejos estaba yo de imaginar que en aquellos momentos estaba emitiendo mi diagnóstico acerca de la dolencia de un jefe de Gobierno, señor de horca y cuchillo de un país al otro lado del Atlántico…”

Apenas transcurridas dos semanas el Dr. Puigvert, a través del Cónsul en Barcelona, era invitado a Santo Domingo con el consabido pretexto de dictar algunas conferencias en la Universidad estatal. El mismo procedimiento se había utilizado en 1935 para justificar la presencia del Dr. Marión en Santo Domingo a los fines de intervenir quirúrgicamente a Trujillo.

Tal como se registra en la Revista “Anales”, en fecha 2 y 3 de julio de 1956 fueron pronunciadas dos conferencias por el Dr. Puigvert, pero como ya hemos adelantado, el motivo de su presencia era el seguimiento clínico al Dictador, lo que el urólogo comprobó en seguida, al ser invitado al Hospital Marión con el propósito de hablarle de unos pacientes.

Confiesa al respecto: “…En el hospital, y sin ver de él prácticamente más que un recibidor y un pasillo, nos encerramos en el despacho de mi colega. Este sacó del bolsillo una llave, abrió un cajón del archivo metálico adosado a la pared y puso sobre la mesa de trabajo un dossier bastante abultado. Lo abrió y cuál no sería mi sorpresa al ver, en primer lugar, una cuartilla escrita a máquina con mi membrete y mi firma al pie.

El coronel se quedó mirándome fijamente y con voz muy pausada me dijo:

– ¿Recuerda aquel enfermo de que le hablé durante mi estancia en Barcelona?

– Naturalmente.

– Pues se trata del generalísimo Trujillo.

Me quede helado. Pero empecé a comprenderlo todo.

Al contacto con el historial clínico de Trujillo y como consecuencia de observar a fondo las uretrografías que le habían sido practicadas, el Dr. Puigvert pareció confirmarse en el diagnóstico preliminar que había emitido en Barcelona: Trujillo estaba aquejado de una prostatitis acinosa provocada por una zona de esclerosis uretral perineal.”.

A pesar de ello, como era su costumbre, el Dr. Puigvert exigió ver a Trujillo, lo que se acordó sin dilación. Como el mismo cuenta en sus memorias, dijo a su esposa en son de broma:

– Dentro de un par de horas… voy a ver cómo se baja los pantalones ante mí el “tigre del Caribe”.