Una radiografía al amor

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Literalmente, el amor no está en crisis, en crisis están las personas. Durante siglos el amor lo simbolizaron como una expresión del corazón y de Cupido, de la bondad de los sentimientos. Pero en Siglo reciente, al amor lo han colocado en el cerebro, en las emociones, en el afecto, en las actitudes positivas, en la química y en el áreas cerebrales donde están comprometidos la parte frontal, el sistema límbico, el hipocampo, las hormonas y, el cuerpo humano que lo expresa, lo siente, lo sufre, se angustia, se alegra, lo goza, se distrae, le da felicidad, lo comparte, lo niega, lo cela, le huye, le atrae, se hace dependiente, hasta morir por amor. Pero el amor fluye en la pasión y en la racionalidad. Diría que camina junto a la personalidad, a los rasgos y la historia biográfica en la construcción de las emociones, el afecto y la sanidad espiritual.
Es difícil amar sin amarse, sin sentir el auto cuidado y el merecimiento. Para ser extensivo el amor, hay que conquistarse primero “el yo personal y social”. Es decir, sentir la compasión, el apego, el vínculo y el sentido de pertenecer en el amor del otro(a). De ahí que, si el amor es egocéntrico, se hace narcisista, mezquino, vanidoso, arrogante, individualista, alexitimico, miserable y enfermizo. No importa la condición, la circunstancia, la época o la cultura, en el amor descansa la diferencia. Pero de quién es el amor: del sexo, del placer, de la seducción, del dinero, del comercio, del hombre, de la mujer; el amor es de la vida, del ser, pero nunca del parecer. Por eso el que ama no puede dañar, maltratar, utilizar, acosar, asesinar, debido que es una actitud emocional negativa, y el amor es una actitud emocional positiva para la vida, que hace posible la felicidad, la armonía, el bienestar, el compromiso, la fidelidad, el cuidar y no dañar. Sin embargo, el amor lo han reducido a una actividad de gratificación inmediata, de puro placer, de confort, de “momentos felices”. Pero el tiro de gracia se lo dio el mundo financiero, el comercio, la nueva filosofía de vida posmoderna que redujo el amor al consumo, a lo corporal de un ego narcisista. Fue tan agresiva la asfixia del amor que le despojaron de la “identidad amorosa” del “sentido de pertenencia” de la “virtud filial” etc. Ahora el nuevo aprendizaje comercial lo ha enfocado a consumir un amor “desechable”, “poco duradero”, de anemia y de poca sustancia para posicionarlo en el concepto: “el amor y las relaciones no son para siempre”; de ahí la negación “hasta que la muerte los separe”, más bien, es un amor de luz corta que entra sin pausa a la nueva filosofía del “reciclaje”, de lo “desechable” y de lo poco duradero: como el celular, la televisión, los electrodomésticos, etc.
Así lo han impuesto los nuevos patrones de consumo, los nuevos estilos de vida, las influencias, que reproduce el cine, la televisión, las novelas, la publicidad, el comercio, la transculturación, etc. Son los que han cambiado el sistema de creencias en las personas, para posicionar el amor en una actividad simple, superficial, pasajera, circunstancial, banal, sin contenido y de corta duración. El mapa emocional de muchas personas ha cambiado y se ha dejado conquistar por estos nuevos conceptos; dando como resultado esta epidemia de insatisfacción marital, de crisis de noviazgo, de divorcio, de desinterés por el proyecto de pareja, de falta de prioridad por el otro(a) y por una socio-sexualidad sin vínculo, sin apego y sin sentido de pertenencia. Hay que aprender a utilizar las inteligencias, la madurez y el juicio crítico en no dejarse influenciar por estas nuevas conquistas amorosas, que se deja retratar y que le vemos como una radiografía donde el amor se ve opaco, oscuro y sin definición. El remedio para el amor es, hacerlo creíble, creer y madurar con él, hacerlo digerible, funcional y sano. Practicarlo con tolerancia, humildad, con respeto, valoración y admiración del ser que se ama. Un poco de San Agustín y de Madre Teresa de Calcuta, de San Pablo y de Santo Tomás; pero entregue más y viva más en el amor.