Una sugerencia sensata y oportuna

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Me parece muy sensato y oportuno que la versión dominicana del Consejo Económico y Social le haya recomendado al Presidente de la República que “por el momento” posponga la construcción del Metro. Es evidente que esta obra, defendida a capa y espada por un reducido grupo dentro del gobierno, carece de apoyo en la opinión pública. En un momento pareció que el ciudadano Presidente de la República iniciaría la polémica obra por encima de todos los pareceres y opiniones prevalecientes en el país. Incluso, llegó a decirse que esta sería la carta de presentación de esta administración, como en sus días fueron los elevados y los túneles. A pesar de esta imagen, amplios sectores de opinión pública, incluidos atendibles consejos profesionales y técnicos, insistieron en recomendar la búsqueda de otras opciones.

Hemos de esperar ahora que el jefe del Estado acoja el consejo que, por escrito, tuvieron a bien ofrecerle los honorables miembros del Consejo Económico y Social. Si lo acoge, el doctor Fernández se estará quitando del camino un gran obstáculo político y económico.

Los planes de Fernández para construir un Metro se conocieron en pleno período de transición. Los esbozó de forma tímida el ingeniero Diandino Peña, un profesional de reconocido éxito en la industria de la construcción, un hombre muy laborioso y disciplinado, vinculado desde su adolescencia al hoy Presidente de la República. Diandino, además, había sido Secretario Administrativo de la Presidencia y Secretario de Obras Públicas en la primera gestión de Fernández.

Una vez iniciado el gobierno, efectivamente, el ingeniero Peña fue nombrado en una posición creada para que hiciera los preparativos para construir el Metro de Santo Domingo. El ex secretario de Obras Públicas confirmó la visión que de él tiene el doctor Fernández, de hombre trabajador y que resuelve. En efecto, varios meses después el ingeniero Peña andaba como un misionero llevando el mensaje de las bondades del metro por casi todos los rincones del país.

 Armado de la mejor tecnología posible y exhibiendo gruesos tomos que contenían los estudios hechos por los expertos, el ingeniero Peña devino en todo un experto en problemas de tránsito urbano y ofrecía amplias explicaciones salpicadas con cifras esclarecedoras, refutaba criterios contrarios, descartaba otras opciones y siempre, como los predicadores y los vendedores de una revolución política, concluía en que el Metro es la solución.

Pero contra la oferta del Metro se levantan, más que las implicaciones técnicas, las molestias y la “comparonería”, la realidad socioeconómica del país, su vieja crisis estructural y la crisis coyuntural heredada de la administración del Presidente Hipólito Mejía. Para muchos, además, una opción como un Metro debe ser un punto de llegada y no un punto de partida.

Es casi imposible considerar la posibilidad de levantar un Metro en una nación donde todavía hay niños que no pueden ir a la escuela porque, sencillamente, no hay escuelas suficientes, porque en muchas escuelas no hay aulas para todos y porque, debe subrayarse, hay familias que no tienen con qué enviar sus hijos a los planteles. O en un país donde el sistema de salud  es precario y deficiente, si es que existe.

Si el ciudadano Presidente de la República acoge esta sensata y oportuna recomendación de la versión criolla del Consejo Económico y Social y pospone o deja para otra oportunidad la construcción del Metro,  tal vez el gobierno podría concentrarse en el diseño de una política de transporte público a partir de nuestra realidad y de los recursos disponibles.

Creo que todos los ciudadanos coincidimos en que ahora mismo no hay una política de transporte público. También coincidimos en que en su cuatrienio pasado el doctor Fernández hizo aportes importantes a la organización del transporte urbano, principalmente en la capital de la República y en Santiago. Quizás podrían retomarse esas iniciativas, profundizarse y tratar de que los peatones, el comercio y los choferes privados contribuyan.

La construcción de un Metro o un sistema de transporte similar puede ser una gran meta de gobierno, meta que muy bien podría formar parte de un programa nacional de desarrollo. Visto así, el Metro o su similar pueden muy bien ser un punto de llegada y no un punto de partida, puede ser una forma de optimizar el sistema de transporte que exista.

Por supuesto, el doctor Fernández tiene fama de ser un político de decisiones firmes y es posible que a estas horas él esté considerando que el Metro va como quiera. O tal vez estime que este es un buen argumento para promover la posibilidad de la reelección presidencial.

bavegado@yahoo.com