Unas elecciones violentas

Por  RAFAEL ACEVEDO
Es importante que sea más temprano que tarde que pongamos atención al grado de violencia que probablemente habrá en las próximas elecciones presidenciales del 2008. Hay varios factores que pueden incidir significativamente que así resulte. Primero, el hecho de que cada vez es más notorio que se trata de un fenómeno sociopolítico de enfrentamiento entre clientelas, sin el menor asomo de propuestas basadas en valores o metas ligadas al bien común. Facciones de intereses de las peores especies, apoyadas en hordas que procuran supervivencia por medio de empleos y favores del Estado, que han llegado a convencerse de que el canal de ascenso social más expedito, o quizás el único para ellos, es la política.

Por otra parte, probablemente se enfrentarán dirigentes y activistas experimentados y diestros en truculencias y mañoserías eleccionarias, con postgrado en el uso de recursos del Estado; pero también en forcejeo y otras malas artes, con lo cual habrá exhibiciones de destrozos de afiches y vallas, sabotaje de eventos y bloqueo de caravanas. Como marco general estará la desfachatez, la palabra soez a flor de labios, el epíteto degradante y burlón como modalidad predominante.

Una de las armas más temibles lo serán las campañas sucias. Los principales contendientes cuentan desde hace tiempo con álbumes y archivos de la corrupción del opositor, y con periodistas, locutores y programeros de TV, expertos en ultraje y difamación. Por otro lado, es de esperarse que las arcas de los principales actores y partidos se nutran de dineros lavados y aún de peores fuentes. Habrá verdaderos inversionistas y apostadores colocando importantes sumas a su favorito, y sumas menores para, como dicen los galleros, cubrirse en caso de que su gallo pierda.

La persecución de empleados públicos y de empresarios que muestren simpatías con la oposición, estaría a la orden del día, y con ello las diarias denuncias en los medios informativos sobre tales abusos de poder.

Este panorama se agrava por las perspectivas económicas, tal cual se sitúa ante éstas el ciudadano común; sobre todo el más pobre. Con una tasa de crecimiento del PIB menor del 4% en los próximos años, y el impacto negativo que en los primeros años tendrá el TLC sobre determinados sectores, y en particular por la mala distribución que del ingreso produce el actual modelo fondomonetarista, mucha gente puede llegar a la desesperación, y de manera particular, el tipo de vago, bueno para nada, que abunda en la política vernácula. De modo que “empleo o muerte” será la consigna de muchos contendientes. A menudo el hambre es hereje y la frustración, violenta.

Una “esperanza”: en los niveles altos hay personas de largo ejercicio partidario que pueden ayudar a que las cosas se manejen más civilizadamente. Y más aún, las hay que son socios comerciales de personas también prominentes de los otros bandos o partidos; lo cual, a pesar de constituir una infamia, una verdadera conspiración contra los recursos del Estado, opera como un amortiguador formidable de los conflictos políticos. Ese núcleo de depredadores del erario no pondría en peligro fácilmente la vaca lechera del “consorcio”. Puede haber acuerdos de paz, pero también pagados por los contribuyentes, por aquello de “paga o pega”.

La ambición y el hambre, no obstante, podrían colocarse por encima del juicio más sosegado de los dueños del negocio, y la violencia escaparse de las manos de los magos de la gobernabilidad y el “equilibroarribismo”. Dios, pues, tenga misericordia de nuestro país, y estas gentes se acuerden de que han tenido madre. Empecemos a orar temprano, porque si no, lo que nos viene es la “yagua de ceniza”.