Únicamente el Señor puede dar indicación de lo que será el año

El año  2010 es totalmente impredecible. Regularmente los economistas hacen cálculos pero suceden cosas diferentes.

Los que anuncian huracanes muchas veces quedan frustrados.

Sucede igual con los psíquicos o adivinos, que se lanzan a proclamar profecías que se convierten, usualmente, en pobres e incumplidas revelaciones.

Sin embargo,  la realidad es que nadie sabe qué traerá de sí el año. Nadie lo sabe, ni puede saberlo.

Únicamente el  Señor puede dar clara y segura indicación de lo que será el año que está por delante.

El 2010 está en las manos de Dios.

Estamos conscientes de  que en este año que finaliza, hemos enfrentado múltiples necesidades, crisis en la familia, en la economía personal; hemos sido víctimas de temores y, en muchos casos, la salud y los negocios se han deteriorado, pero sabemos  que hay una poderosa verdad, que si la hacemos nuestra y la  declaramos, por encima de toda circunstancia y adversidad, entonces, el 2010 marcará la diferencia a nuestro favor.

En el libro de los Salmos, capítulo 65,  verso 11,  encontramos la clave: “Señor tú inicias el año nuevo con una cosecha fabulosa”.

Cosecha  es toda expresión de bendición, alineada a nuestra experiencia personal.

Al afirmar esta Palabra, así como lo hizo el salmista, estamos comprometiendo a nuestro  favor, al que hizo los cielos  y la tierra, quien también dijo: “Mío es el oro y mía es la plata.”

En mejores manos no podemos iniciar un impredecible año