Uso de recursos del Estado en campaña

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RAMÓN TEJADA HOGUÍN

El uso de los recursos gubernamentales en las campañas políticas ha sido uno de los elementos más perniciosos de los procesos electorales, principalmente en un país pobre como el nuestro. Ese es un elemento que no necesita explicación. De hecho, no importa si el candidato es el Presidente, cuando los partidos van a la reelección el riesgo de que se usen los recursos del estado para promover al candidato del partido en el gobierno es similar.

En mi entrega anterior me referí  al  “Tonto de la Colina”  de la canción de los Beatles que nos habla de un hombre que nadie quiere conocer, que a nadie agrada y ninguno escucha. Un ser humano que, tranquilo y sereno, mira el mundo dando vueltas. Le dicen tonto porque los ojos de su cabeza miran el ocaso del sol con plan placer.

Ese tonto ahora reflexiona y se da cuenta que el Presidente es  un recurso humano del estado, por lo que en cierta manera entiende que el Presidente o toma una licencia para participar en política, o sólo puede participar en las actividades de promoción de la reelección en su tiempo libre. El de la Colina de repente recuerda que en al año 2000 Leonel Fernández convocó a una cena similar a la hipotética cena, pero para beneficiar a Danilo Medina que era el candidato del partido del presidente.

De hecho en aquella ocasión, según los recortes de prensa de la época, el presidente mismo llamó a varias personas que asistieron a aquella cena, y el Tonto de la Colina, que en aquella época escribía los análisis políticos para El Siglo, escribió un artículo similar a éste. Y, haciendo un paréntesis, ¿no les parece que la vida política de este país se torna circular y repetitiva, y que uno bien que podría tomar artículos escritos hace 8 años y sorprenderse por su frescor?

Pero, volviendo a nuestro tema, el presidente de la República es un recurso humano del gobierno central, el principal recurso humano, y si usa parte del tiempo que debe dedicarle a sus labores como gobernante a hacer política, está usando los recursos del estado en eso. Por lo tanto, las actividades políticas reeleccionistas deberían realizarse en el tiempo libre del presidente. Pero, ¿Tiene tiempo libre un presidente? Eso no lo sabe el  Tonto de la Colina, ya que nunca ha sido presidente de nada. Ahora bien, el presidente tampoco puede desplazarse en su vehículo oficial, ni desplazar a los periodistas que cubren la fuente de Palacio en los vehículos que normalmente se desplazan a las actividades oficiales, ni a toda esa comitiva que viaja con él y que tiene un costo enorme para las arcas del estado.

Ay, pero qué complicada es la cosa, al mismo tiempo es un riesgo enorme que el presidente no se mueva con toda esa seguridad, y para colmo si el estado le impide la movilidad, le está impidiendo sus derechos políticos. Desconcertante, ¿verdad?

Ausencia de reglamentación. Hay mucho que reglamentar en eso de la participación política del presidente. En el plano ético, no hay una solución clara. Resulta evidente que desde un punto de vista es saludable la presencia del presidente en las actividades políticas, ya que se convierte en un signo de madurez democrática. Por el otro, ya sea consciente o inconscientemente, será inevitable que los recursos del gobierno sean utilizados en las actividades proselitistas del presidente, aunque sea en mínimas cantidades.

El de la Colina está estupefacto, no sabe que decir, ni que hacer, y piensa que la reelección en sí misma no es el problema, sino que hay algo más grave y es la crisis de liderazgo del país, la desigualdad en la lucha política y el tipo de institucionalidad que favorece la impunidad, la inmunidad y resulta ventajosa para el poder político y económico y social constituido. Y eso, dice, no lo resuelve se resuelve simplemente prohibiendo la reelección.

Sostiene el Tonto que Hipólito Mejía intentó reelegirse y desde el inicio resultó obvio que no lo lograría, y efectivamente no lo logró. La ciudadanía y el voto actuaron como el ente regulador del sistema. Pero, en el caso de Fernández las cosas son distintas: todo parece indicar que este presidente que se “repostula” tiene posibilidades de lograr la reelección. Entonces, las cosas se complican, porque no se trata de un presidente que tiene el nivel de oposición de Balaguer o que tiene un plan B como se decía de Mejía, sino de un presidente que tiene apoyo de la gente, por lo tanto, la ciudadanía como ente regulador, y “objetador” de la reelección no funciona.

Y la cosa se complica más si tomamos en cuenta que otros partidos controlan instituciones gubernamentales desde las cuales se pueden usar recursos para las campañas, aunque, claro, en menor medida que el gobierno central. Amable Aristy Castro por ejemplo, controla la Liga Municipal, varias senadurías, diputaciones y varias sindicaturas. El PRD y su candidato tienen el apoyo de senadores, diputados, síndicos y regidores.

A la conclusión que llega el tonto es que seguir insistiendo en el tema de la reelección como una forma de descalificar al candidato Fernández no conviene a la oposición y es dudoso que le reporte votos. Que lo que conviene es demostrar que son capaces de hacer las cosas mejor que el presidente Fernández y mantenerse atentos y vigilantes para evitar el uso de los recursos públicos en la candidatura del presidente.En realidad el tema es peliagudo. Cada partido debe buscar formas de evitar que el contrario use los recursos públicos . A quienes más les conviene establecer controles es a los partidos que no controlan el gobierno central (PRD y PRSC), ya que el gobierno central, o sea el Ejecutivo, tiene más recursos que otros poderes e instituciones estatales. Deben mantenerse vigilantes y ser ellos ejemplos, y evitar que los acusen a su vez de hipócritas.

En síntesis

Una tarea de todos

Cada partido debe buscar la forma de  evitar que el contrario use los recursos públicos en  sus campañas. Además del PLD,  debe tomarse en cuenta que otros partidos controlan instituciones del gobierno desde las cuales se pueden usar recursos del erario aunque en menor medida, claro está, que el gobierno central. Amable Aristy, por ejemplo, controla la Liga.