Usuarios de Pasaportes incómodos por deficiencias, lentitud de servicio

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POR LEONORA RAMÍREZ S.
A las 11:30 de la mañana, cuando uno de los empleados de la Dirección General de Pasaportes les informó a los usuarios que se agotaron los turnos para el depósito de documentos, inmediatamente se perdió la calma en el estrecho, caluroso y poco iluminado local donde funciona la oficina de expedición de pasaportes del  municipio Santo Domingo Este.

No valió la presencia del militar a cargo de la seguridad, ni que uno de los empleados  anunciara por un altoparlante que quienes estuvieran fuera de la fila no serían atendidos. Ya los ánimos estaban desbordados y  nadie parecía conforme después 3 ó 4 cuatro horas de espera.

Héctor Camarena, airado por la forma en que un empleado le explicaba que no  había nada qué hacer,  abrió sus brazos con furia e indignación y sólo atinó a decir: “ustedes no pueden disponer del tiempo del otro, usted sabe lo que he tenido que hacer para estar aquí….eso es un abuso”.

El proceso  para la solicitud de pasaportes, en esa oficina ubicada en la avenida San Vicente de Paúl, comienza prácticamente a las 7:00 de la mañana cuando los usuarios empiezan a llegar para conseguir un turno favorable, y a juzgar por la lentitud burocrática que ellos mismos expresan, puede terminar cualquier día.

En medio de las quejas por la falta de información y por el irrespeto al tiempo que pierden los solicitantes en la etapa preliminar, se escucharon múltiples interpretaciones por la tardanza, entre estas ineficiencia por tratarse de  una dependencia pública,  hasta mecanismos de presión para obligar a los interesados a utilizar la opción VIP, mediante la cual se entrega el pasaporte en 4 horas pero a un precio de RD$2,500.

Carmen Encarnación consideró, en tal sentido, que los problemas los tienen los que solicitan el documento por la vía normal, que cuesta RD$1,500. “Yo creo que eso es  una táctica para que uno tenga que usar el VIP, y eso no es justo”.

Mientras ella expresaba sus quejas a viva voz, un empleado trataba de explicarle que tenían una fuerte demanda y que no podían entregar todos los pasaportes que se solicitaban, porque el proceso es muy riguroso.

“¿Y por qué no ponen en un letrero que solamente se entregan 90 tickets al día, para que uno no tenga que perder el tiempo?, le cuestionó Encarnación sin recibir respuesta.

NI ASOMO DE COMODIDAD

La referida oficina está localizada en el segundo piso de la Plaza San Vicente, una instalación que, por sus características arquitectónicas, tiene el aspecto de los restaurantes o centros cerveceros que funcionan en la zona.

Esa infraestructura está muy alejada de lo que es la oficina principal de la Dirección de Pasaportes, que está ubicada en el Centro de los Héroes. Nada de aire acondicionado, apenas dos abanicos, el techo es de asbesto, y la veintena de sillas no dan abasto para las 275 y 300 personas que acuden diariamente.

Aunque hay pequeñas pantallas electrónicas con la numeración por turnos, un empleado llama a los usuarios  por sus nombres, y las ventanillas para la recepción o entrega del documento no satisfacen la demanda.

La estrechez de la instalación la comparten dos pequeños locales en los que se ofrece el servicio de fotografía  instantánea.

José Miguel, muy demandado por los usuarios porque sus helados mitigan la sed y quizás la incomodidad, se regodea con quienes entran y salen sin que nada le perturbe….lo suyo es vender. 

CUESTIONAN EL SERVICIO

Con relación a la atención que reciben, Camarena dijo que “la asistencia que dan aquí no es buena, esto es como para perros, y hasta para sacarle copia a un documento  hacen que uno pierda mucho tiempo”.  Laura Peña, quien reside en Las Toronjas, del sector Invivienda, expresó que llevaba más de tres horas esperando un turno para depositar la solicitud de pasaportes, pero que la fila avanzaba muy poco.

Karen Plasencia, de Los Minas, manifestó que “el proceso es muy lento, los mismos empleados desorganizan todo, discuten con la gente, y esta oficina está totalmente desfasada, parece una gallera”.

Manuel Torres, uno de los que se quedó sin turno para depositar sus documentos, dejó el local diciendo a regañadientes “esto es  una charlatanería”.