Utopías socialistas y turbulencias capitalistas

La gran crisis mundial por la que atraviesa el capitalismo en estos momentos, que amenaza con ser la más severa a lo largo de la historia del sistema, pone sobre el tapete las confrontaciones históricas en los órdenes ideológicos, filosóficos, políticos, económicos y sociales entre las utopías socialistas y las bondades capitalistas.

Así como la caída del muro de Berlín en 1989 simboliza históricamente el derrumbe del socialismo, en la actualidad estamos pendientes de ver si al final de esta gran depresión el capitalismo permanece incólume o renueva sus esencias en otro contexto de la historia.

Los modelos paradigmáticos de la última década con China a la cabeza posibilitan perfectamente visualizar que pueden coexistir capitalismo y socialismo en un mismo contexto territorial y cultural.

China es el gigante aletargado por decenios en brazos del comunismo que en la última década ha despertado como la gran sorpresa en referencia a su descomunal crecimiento económico a su impresionante desarrollo tecnológico que le ha permitido competir con las tradicionales potencias industriales de Asia, Europa y Occidente.

En el 2004 el Parlamento Chino reformó la Constitución para establecer que “el Estado, de conformidad con las leyes vigentes, debe proteger los derechos de la propiedad privada de los ciudadanos, como también los de su herencia”. Así mismo se establece que “la propiedad privada y legítima de los ciudadanos es inviolable”.

Las inversiones de grandes capitales extranjeros y sus afanes por alcanzar competitividad en la producción de bienes y servicios, ha llevado a China a enfatizar en la calificación de sus fuerzas productivas y a mejorar sustancialmente su sistema educativo poniéndolo a nivel de los más exigentes del mundo, en el interés supremo por adoptar una economía social de mercado que le ha permitido abrir las puertas a un impresionante crecimiento del Producto Interno Bruto.

Todo esto contrasta con los viejos esquemas sociales que hasta 1978, con la llegada al gobierno de Deng Xiaoping, mantuvieron a China en el marco de una economía cerrada y de limitado acceso a los mercados. Con la globalización los chinos rompieron esquemas tradicionales en el orden económico y se insertaron en un mundo cada vez más competitivo que le dio paso al crecimiento económico y modificó las estructuras sociales de un sistema encuadrado en modelos autárquicos.

Situados entre las corrientes fundamentadas en la distribución de las riquezas en igualdad común por una parte y por otro lado en las doctrinas del capitalismo de libre mercado, se debaten los discursos y las propuestas que en estos momentos sacuden a un mundo de intereses vinculantes embestido por tsunamis financieros sin precedentes, permitiendo renacer la añeja polémica de lo más conveniente a la humanidad: las utopías socialistas o las turbulencias capitalistas.