Valoremos lo útil del debate

El debate, ese importante instrumento de exposición y contrastación que pone a los candidatos en casa de cristal ante sus adversarios y el electorado, ha sido un medio estelar en países abrazados a la democracia. Aquí, sin embargo, no está asentado como herramienta de uso común. Unos aspirantes al poder político postulan en su favor y otros lo rehuyen, y ambos están ejerciendo un derecho fundamentado en sus intereses políticos, no necesariamente los del país.
En Estados Unidos es una tradición y en Argentina, en el más reciente proceso electoral, demostró su utilidad para poner en contraste los pareceres más disímiles en cuanto al manejo del Estado. La pregunta obligada es por qué en nuestro país no hay consenso sobre la utilidad de esta herramienta, que dicho sea de paso es un medio de proyección política por excelencia.
Prestigiosos representantes de la sociedad civil y de grupos alineados a intereses no necesariamente políticos se inclinan porque el debate sea una de las fichas a movilizar en la lucha por el poder político. Creemos, como ellos, que es necesario incorporar el debate en nuestras lides electorales, y volverlo una tradición. Nuestros políticos, que han “consensuado” obstáculos contra una ley de partidos, deberían acceder a poner en agenda este medio de exposición y contrastación de opciones electorales.

Cedazos con muchas fugas

Nada menos que dos policías figuran entre los que intentaron asaltar las oficinas del Sindicato de Transporte Urbano (Sinatraur), el doming último. Y la jefatura de la Policía acaba de admitir que cometió un error al ascender a cabo a un raso de esa institución que estaba subjúdice por asuntos de drogas. En otro hecho que pone de manifiesto el alto grado de inseguridad, el domingo personas desconocidas robaron la caja fuerte del economato del Centro de Corrección y Rehabilitación Haras Nacionales.
Estos casos evidencian que el cedazo moral de instituciones como la Policía y el sistema penitenciario tiene fugas por las que se cuelan protagonistas de las bajas artes. Los niveles de inseguridad reflejados por estos hechos indican que el cedazo moral tiene troneras por las que se cuelan delincuentes.